Una chica que escapó de Al-Baghuz Fawqani espera en la zona de revisión Crédito: NYT

El califato, que había alcanzado el tamaño de Gran Bretaña, se redujo a una pequeña zona en el sudeste del país; muchos lograron huir del último reducto del grupo jihadista Rukmini Callimachi SEGUIR Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 10 de febrero de 2019

DEIR EZ-ZOR, Siria.- Los hombres que emergieron del último territorio de Estado Islámico (EI) recibieron la orden de sentarse detrás de dos líneas pintadas con aerosol naranja: los sirios detrás de una raya, los iraquíes detrás de la otra.

A media mañana, las fuerzas norteamericanas llegaron en un convoy de vehículos blindados. Los sospechosos de combatir para EI recibieron la orden de acercarse con los brazos en alto, mientras las tropas y los perros rastreadores los examinaban. Les tomaron las huellas, una foto y los interrogaron.

En las últimas dos semanas, miles de personas salieron del poblado de Al-Baghuz Fawqani, el último territorio que sigue bajo el control de EI en Irak y Siria , donde alguna vez el grupo llegó a dominar un territorio del tamaño de Gran Bretaña. Ese califato casi desapareció por completo. El mes pasado, el grupo pasó de tener tres poblados a tener solo uno. Ahora los militantes están confinados en un área similar al Central Park.

Al oeste están acorralados por las fuerzas sirias. Al sur está la frontera iraquí, donde las tropas iraquíes están en espera. Del norte y del este reciben el ataque de los ejércitos kurdo y árabe, conocidos como las Fuerzas Democráticas Sirias.

A medida que se cierra el cerco, incluso quienes se unieron al califato en sus inicios tratan de salvarse. La mayoría de los que lograron llegar a este punto en el desierto son las familias de los militantes, mezcladas con una pequeña parte de habitantes del lugar. Con la escasez de alimentos, las familias se vieron obligadas a hervir el pasto que crece al borde de la ruta.

Grandes cantidades de prófugos son extranjeros, principalmente iraquíes que vivieron bajo el régimen de EI antes de escapar a este rincón del sudeste de Siria cuando las ciudades iraquíes fueron liberadas. Pero entre los fugitivos que llegaron la semana pasada también había alemanes, franceses, británicos, suecos y rusos, una muestra de la gran popularidad del grupo, que logró atraer a 40.000 reclutas de cien países a su territorio.

Mustafa Bali, un vocero de las Fuerzas Democráticas Sirias, dijo que los militantes de EI solicitaron salvoconductos, pero se les negó la petición. Pero funcionarios estadounidenses afirmaron que el salvoconducto hacia la provincia siria de Idlib seguía en consideración.

Una de las mujeres que se entregó el domingo pasado se estaba rindiendo por segunda vez. La mujer, Amal Mohamed al-Soussi, de 22 años, llegó al desierto con sus dos hijas pequeñas de la mano. Después de que su marido -un francotirador de EI- fue asesinado durante la batalla de Raqqa en 2017, ella se entregó al Ejército y estuvo detenida ocho meses. Un día, decenas de esposas de miembros de EI fueron trasladadas en camiones al desierto, donde las devolvieron a la milicia. "Nos ordenaron salir y dijeron: 'Ahora están en su Estado'", contó. "Entendimos que era un intercambio de prisioneros".

La mujer había sido una ciudadana comprometida con el califato, pero la hambruna hizo que se rindiera. Durante semanas ella y sus hijas subsistieron con comida para animales. Otra mujer dijo que buscaba una planta que crece en las hendiduras entre los edificios y en las glorietas con el fin de hervirla y obligarse a comerla.

El peligro cada vez mayor al que estuvieron expuestas las familias de EI se hizo evidente en la cantidad de personas que se presentaron con heridas tras escapar del poblado. A una mujer con la pierna destrozada por fragmentos de proyectil la bajaron en brazos del camión en el que llegó. Un hombre mayor se desvaneció sobre un colchón a causa de una herida en la espalda. Una mujer de unos 25 años logró llegar a la zona de revisión, solo para morir momentos después. Su familia no pudo hacer más que cubrirla con una manta.

Esa tarde, las fuerzas de seguridad cavaron una tumba para la joven en la orilla del suelo rocoso donde se procesaba a los recién llegados. Junto a la tumba recién hecha había otras tres. Era la última morada de quienes no sobrevivieron al califato.

The New York Times

Por: Rukmini Callimachi ¿Te gustó esta nota? Ver comentarios 0

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