Las protestas reflejan la debilidad de los gobernantes para aplicar impuestos para la lucha contra el cambio climático Fuente: Reuters – Crédito: Archivo

James Mcauley SEGUIR Steven Mufson SEGUIR Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 6 de diciembre de 2018

PARÍS.- Los economistas dicen que el arma más efectiva para luchar contra el cambio climático es el código tributario: imponer costos a quienes emiten gases de efecto invernadero. Pero tal como aprendió el presidente francés, Emmanuel Macron , implementar esos impuestos puede resultar explosivo en el plano político.

Macron argumentó que los impuestos sobre el gasoil y la nafta que pretendía imponer eran necesarios para contener el cambio climático disminuyendo la dependencia de los automovilistas por los productos petroleros, pero las violentas manifestaciones lo obligaron a dar marcha atrás. Primero anunció la suspensión del proyecto por un plazo de seis meses, y ayer lo canceló.

Macron no está solo en su frustración. Los líderes de otros países descubrieron que sus intentos para fijar precios a la emisión de carbono se topan con una feroz oposición.

"Como en cualquier otro lugar, en Francia la cuestión es encontrar una manera de combinar ecología e igualdad", dijo Bruno Cautrès, investigador del Instituto de Estudios Políticos de París. "En lo referido al medio ambiente , los ciudadanos consideran que se implementan políticas públicas punitivas: impuestos, impuestos y más impuestos. Nadie tiene la solución y lo único que podemos ver es el desastre que acaba de ocurrir en Francia en torno a la cuestión".

"Aumentar los impuestos sobre la energía siempre es difícil de vender políticamente", dijo Gregory Mankiw, profesor de Economía de la Universidad de Harvard. "Los miembros de la Asociación Económica de Estados Unidos están convencidos de las virtudes de esos impuestos, pero no así el ciudadano común y corriente".

En Estados Unidos -donde los impuestos vinculados con la energía están entre los más bajos de los países desarrollados-, los políticos, sus electores y sus contribuyentes ya se encargaron de dejarlo bien en claro en repetidas oportunidades.

Algunos países preocupados por la situación del clima adoptaron impuestos sobre el carbono, incluidos Chile, España, Ucrania, Irlanda y las naciones escandinavas. Otros adoptaron programas de comercio de derechos de emisión que le ponen precio a las emisiones de carbono.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), apenas el 12% de las emisiones globales están incluidas en programas de fijación de precios, como los impuestos sobre el contenido de carbono de los combustibles fósiles o programas de comercio de derechos de emisión que les fijan un precio a las emisiones.

Los expertos en políticas públicas dicen que en cierta medida, el futuro de los impuestos al carbono puede depender de lo que se haga con el dinero recaudado. Utilizar los ingresos para reducir el déficit, como había sido planeado en Francia, resultó totalmente inaceptable.

"Incluso en las mejores épocas, los impuestos sobre el carbono tienen que ser planeados cuidadosamente para evitar inconvenientes políticos", dijo Paul Bledsoe, exmiembro del Comité de Finanzas del Senado y asesor en asuntos climáticos durante la presidencia de Bill Clinton. "En particular, gran parte de los ingresos recaudados tienen que ser reciclados para que vuelvan a los trabajadores de ingresos medios. La política de Macron está destinada a utilizar el dinero para reducir el déficit, lo que atiza los ánimos ya caldeados de gran parte de la sociedad".

La política climática no solo genera poco entusiasmo. También excita la ira de los movimientos populistas de derecha.

La mayoría de las personas más enfurecidas con la medida impositiva de Macron provienen de áreas rurales de derecha. El partido opositor de derecha alemán Alternativa para Alemania dijo que el cambio climático es un engaño. Y en Brasil, el futuro presidente populista Jair Bolsonaro señaló que quiere desarrollar -no preservar- la selva del Amazonas, que extrae el dióxido de carbono del aire y libera oxígeno.

El presidente estadounidense, Donald Trump , utilizó Twitter para decir que la marcha atrás de Macron demostró que él hizo bien en salir del Acuerdo de París.

I am glad that my friend @EmmanuelMacron and the protestors in Paris have agreed with the conclusion I reached two years ago. The Paris Agreement is fatally flawed because it raises the price of energy for responsible countries while whitewashing some of the worst polluters….&- Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 4 de diciembre de 2018

"Estoy feliz de que mi amigo @Emmanuel Macron y los manifestantes de París hayan coincidido con la conclusión a la que yo llegué hace dos años. El Acuerdo de París es irremediablemente defectuoso porque aumenta el precio de la energía para los países responsables mientras que absuelve a algunos de los peores contaminadores del mundo", escribió Trump. "Los contribuyentes norteamericanos -y los trabajadores norteamericanos- no deberían pagar para limpiar la contaminación de otros países".

Sin embargo, los impuestos sobre los combustibles generan ingresos que permanecen en los países que los gravan, y no pagan la contaminación de otros países. Y el Acuerdo de París les dio muchas más responsabilidades que antes a los países en vías de desarrollo.

Jason Bordoff, director del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, dijo que celebrar el fracaso de la medida "dice mucho sobre lo que está ocurriendo en Francia". Y eso se debe a que Macron es visto como un presidente que favorece a los ricos en detrimento de la clase trabajadora.

Nicolas Hulot, un popular militante ambientalista y exministro de Transición Ecológica de Macron, fue noticia en agosto cuando renunció a su cargo. La razón fue que el gobierno decía más de lo que hacía en relación con el cambio climático.

Y esta semana, apenas se conoció el abrupto revés del gobierno francés, Hulot elogió lo que describió como una maniobra política indispensable, aunque no sea buena para el medio ambiente.

"Saludo una decisión necesaria, ineludible, valiente y de sentido común en el contexto actual, que nos entristece a todos", señaló. Pero agregó: "Estas no son buenas noticias para el clima".

Traducción de Jaime Arrambide

Por: James Mcauley y Steven Mufson ¿Te gustó esta nota? Ver comentarios 0

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