Lejos de la perfección de Copenhague y otras ciudades, el gobierno estudia instalar en un lugar alejado a los solicitantes de asilo rechazados que no pueden volver de inmediato a sus países de origen Fuente: Archivo

Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 5 de diciembre de 2018 • 15:23

COPENHAGUE.- Dinamarca planea albergar a los extranjeros menos gratos en un lugar de lo más desagradable: una diminuta isla, casi inaccesible, donde se encuentran el crematorio, los laboratorios y establos de un centro dedicado a la investigación de enfermedades animales contagiosas.

Un detalle que parece dejar más claro el mensaje es que uno de los ferries que comunica a la isla se llama "el Virus".

"Nadie los quiere en Dinamarca, y van a sentirlo", escribió en Facebook la ministra de Inmigración danesa, Inger Stojberg.

El viernes pasado, el gobierno de centro derecha y el Partido Popular Danés, de derecha, anunciaron un convenio para albergar en la isla Lindholm hasta 100 personas extranjeras condenadas por algún delito o a quienes se les negó asilo y que no pueden volver a su país.

La isla de siete hectáreas, en una entrante del Mar Báltico, se ubica a unos tres kilómetros de la costa más cercana y no cuenta con servicio de ferry frecuente. Los extranjeros deberán presentarse todos los días en el centro de la isla, so pena de ser encarcelados.

"Vamos a reducir al mínimo el número de salidas del ferry según sea posible", le dijo a la televisión local Martin Henriksen, un vocero del Partido Popular Danés en cuestiones de inmigración. "Va a ser lo más complicado y caro posible".

El convenio estipula que se asignarán unos 115 millones de dólares en un plazo de cuatro años para instalaciones en la isla destinadas a los inmigrantes, y se planea la inauguración para 2021.

El ministro de Finanzas, Kristian Jensen, quien encabezó las negociaciones, afirmó que la isla no es una prisión, pero añadió que las personas enviadas allí deberán pasar la noche en el lugar.

Louise Holck, directora ejecutiva adjunta del Instituto Danés de Derechos Humanos, señaló que su organización observará "muy de cerca" esta situación con el fin de detectar posibles violaciones a las obligaciones internacionales del país.

El convenio se suscribió como parte de las negociaciones del presupuesto anual. Cada año, el Partido Popular Danés exige que se impongan algunas restricciones a los inmigrantes o refugiados a cambio de sus votos para el presupuesto.

En Dinamarca, al igual que en gran parte de Europa, el aumento en los movimientos migratorios del Medio Oriente y África entre 2015 y 2016 provocó u na reacción populista y nativista.

El gobierno se comprometió a aplicar la legislación migratoria hasta donde le permitan los tratados internacionales en materia de derechos humanos.

Los expertos legales afirman que todavía es muy pronto para saber si el proyecto de la isla Lindholm sobrepasará los límites de manera que constituya una privación ilícita de la libertad. Subrayaron que tenía muchas similitudes con un proyecto del gobierno italiano que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos canceló en 1980.

El plan de la isla Lindholm es una expresión más de la política gubernamental que pretende hacerles la vida intolerable a los solicitantes que no obtuvieron asilo para motivarlos a abandonar el país.

Los solicitantes de asilo con historial delictivo no pueden trabajar en Dinamarca. A los solicitantes rechazados que no pueden ser deportados se les da hospedaje en sitios donde no pueden preparar su propia comida, así como alimentos y alrededor de 1,20 dólares por día, que se retienen si no cooperan con las autoridades.

La exministra de Inmigración Birthe Ronn Hornbech describió el proyecto de la isla como una "burla" y un error comparable a un jugador de fútbol que marca un gol en contra.

"Esta propuesta no prosperará", advirtió en la columna que escribe en un diario.

Muchos extranjeros a quienes se les negó el asilo no pueden ser deportados a sus países de origen por temor a abusos o persecuciones, o sencillamente porque esos países se niegan a aceptarlos.

Cientos que permanecen en dos centros de deportación se niegan a abandonar el lugar y crean un problema para el gobierno, que prometió deshacerse de todos aquellos que no tienen derecho a permanecer en Dinamarca.

Algunos siguen ahí después de más de una década, a pesar del deterioro constante de las condiciones de vida. Un estudio independiente realizado por un antiguo director de prisiones que ahora trabaja con el grupo de derechos humanos Helsinki Citizens' Assembly reveló que las condiciones en uno de los centros de deportación eran comparables a las de algunas cárceles, o incluso peores.

El primer ministro Lars Lokke Rasmussen declaró en noviembre que el objetivo del gobierno ya no será integrar a los refugiados que acepte, sino darles albergue hasta que puedan regresar a sus países de origen.

"No es fácil pedirles a las familias que regresen a casa si ya se establecieron", dijo durante una reunión de su partido. "Sin embargo, es lo correcto moralmente. No debemos convertir a los refugiados en inmigrantes".

Este verano se aprobó una ley que prohíbe cubrirse la cara, apodada de inmediato "prohibición del burka", pues apareció tras un debate acerca de la prenda islámica que algunos consideran "nada danesa". Este mes, se espera que el Parlamento apruebe otra legislación para exigir que los inmigrantes que deseen obtener la ciudadanía les den la mano a ciertos funcionarios durante la ceremonia de naturalización, a pesar de que algunos musulmanes insisten en que no pueden dar la mano a personas del sexo opuesto.

El gobierno sostiene que dar la mano es "un valor danés básico".

The New York Times

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