El ministro de Seguridad bonaerense resaltó la batalla contra las drogas como una herramienta clave para bajar los índices de violencia en todos los distritos Crédito: Ministerio de Seguridad bonaerense

Fernando Rodríguez SEGUIR Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 14 de octubre de 2018

Desde el piso 19 del edificio del Bapro en la City porteña se pueden ver el río, el Cabildo, la Plaza de Mayo, los principales edificios gubernamentales y, a algunas cuadras de distancia, la cúpula de la Legislatura porteña, esa que lo tuvo como una de sus máximas figuras, en tiempos en que lideraba el bloque macrista en la ciudad. Cristian Ritondo no puede ver desde ahí, sin embargo, el territorio bonaerense, ese que es objeto de un trabajo y de una preocupación que él mismo define como "de 24 horas por siete días". Que no lo vea, sin embargo, no significa que no le sea omnipresente. Recibe a LA NACION en el centro porteño para una entrevista, pero al cabo de una hora irá al helipuerto para viajar a Junín, donde el jueves pasado comenzaron las reuniones de los Consejos Regionales de Seguridad con intendentes, para tratar situaciones específicas y definir esquemas de colaboración en los que el Ministerio de Seguridad se ocupa del despliegue policial y las comunas, del asfaltado, la iluminación, la poda y la instalación de cámaras, por ejemplo, medidas que aportan en la prevención.

En su diálogo con LA NACION Ritondo admitirá que las cifras de robos y hurtos, los delitos que cotidianamente más golpean a los ciudadanos, siguen sin tener bajas significativas. Pero reafirmará, una y otra vez, que la lucha frontal contra las mafias y el crimen organizado es central para lograr resultados contra los delitos menores. En ese sentido, sitúa al combate contra el narcotráfico como "la madre de todas las batallas".

-¿Cómo evalúa el avance de la gestión?

-Nos propusimos con la gobernadora un plan de reforma integral de la policía y de la política de seguridad de la provincia. Un plan de largo plazo, aunque con la búsqueda de logros parciales. Trabajamos sobre cuatro ejes: primero, transparentar la policía, hacerla más cercana, más creíble, pasando la administración y asuntos internos a manos de civiles e instituyendo la obligatoriedad de presentación de declaraciones juradas de bienes y exámenes toxicológicos. Segundo, con capacitación, reentrenamiento y formación permanentes (en actitud policial y tiro, por supuesto, pero también en violencia de género y técnicas de resucitación cardiopulmonar), con aumento de los tiempos de instrucción; la bonaerense es, por ejemplo, la primera policía del país capacitada para la preservación de un potencial donante de órganos. Tercero, con reequipamiento (chalecos antibalas para cada efectivo de calle y 4000 vehículos nuevos) e incorporación de tecnología que nos permitió, por ejemplo, llegar del 40 al 92% de la población alcanzada por el 911, tener comunicaciones encriptadas integrando la policía, el SAME, los bomberos y el personal de autopistas, e ir ampliando la nueva aplicación que permite a los ciudadanos hacer sus denuncias y que lleguen directamente al Ministerio de Seguridad y a las fiscalías, para que no se "cajoneen" nunca más. Y decidimos que la prioridad sería dar una batalla amplia y muy fuerte contra los delitos graves y el crimen organizado.

-¿Cuál es el delito que hoy más le preocupa?

-Siempre el que más nos preocupa es el homicidio en ocasión de robo. Una sola muerte es un drama inconmensurable; detrás queda una familia destruida, a la que nosotros acompañamos. Tenemos una altísima eficacia en el esclarecimiento de delitos graves, del orden del 90%. El robo sigue siendo un delito muy presente; hemos logrado descensos en la tasa de ese delito, pero el volumen es aún muy alto. Estamos tratando de combatirlo con los operativos de saturación, con 12.000 efectivos y el apoyo de las fuerzas federales. Y el nuevo sistema de denuncias, que a fin de año funcionará en todo el conurbano, nos va a hacer subir los números, porque esperamos un "sinceramiento" de las cifras, pero al mismo tiempo nos permitirá precisar qué pasa y dónde pasa, para poder afinar las medidas necesarias.

Al mismo tiempo, es importante que se aplique la ley. El que delinque debe saber que va a tener un castigo. Por eso es importante el esclarecimiento del delito grave. Es imprescindible que vaya preso el que está ilegalmente en la calle con un arma. Que el que tiene diez o quince causas esté preso. Hay que dar señales de que no se pueden cometer ciertos delitos y tener posibilidades de salir rápido, que los reincidentes no saldrán antes de cumplir sus penas. Si los liberamos tan fácil se hace cuesta arriba recuperar niveles aceptables de seguridad.

-¿A pesar de esto, el crimen organizado y el narcotráfico siguen siendo el principal objetivo?

-Es que el narcotráfico es el padre y la madre de todos los delitos. El narcotráfico es nuestro enemigo. Y para bajar el delito menor hay que combatir y erradicar a las grandes bandas. Por ejemplo, nosotros encontramos que muchos de los delincuentes que roban son consumidores de drogas, lo que nos confirma la necesidad de erradicar a los vendedores. Venimos destruyendo búnkeres de venta de estupefacientes en los barrios. Llevamos más de 83.000 operativos antidrogas, con récord de secuestros de estupefacientes y de detenidos. Damos pelea para acabar con una forma de negocio en la que armar un búnker era más fácil que poner un quiosco. Hay que terminar con la idea de que el narco es el más vivo; hay que dar, también, una batalla cultural en los barrios atravesados por el narcotráfico. Trabajamos con los ministerios de Desarrollo Social de la provincia y de la Nación para recuperar esos lugares donde desarmamos los búnkeres y darles un uso social, como las Casas de Justicia, para llevar el Estado a los barrios más necesitados, para llevar a los chicos a la escuela y a los jóvenes más grandes darles herramientas para que se puedan insertar en el mercado laboral. Pero no es solo narcotráfico: bajamos un 65% los secuestros extorsivos, descendió entre 18 y 20% el robo automotor; también bajamos el cuatrerismo, la piratería del asfalto. Dimos golpes muy importantes en La Salada, también avanzamos contra los barrabravas. Sin corrupción, con capacitación a las fuerzas, herramientas para investigar y decisión política pudimos bajar estos delitos complejos. Tenemos decisión política para ir contra los sectores mafiosos.

Golpes a los barras para sanear al fútbol

Después del avance más notorio, que dio lugar a la causa contra Bebote Álvarez y la barra brava de Independiente, los golpes a los hinchas caracterizados siguieron. Y fueron más allá de los negocios ilegales históricos de estos grupos, como la extorsión a jugadores y dirigentes, la reventa de entradas o el estacionamiento con "trapitos": fueron atrapados connotados violentos de los paraavalanchas de decenas de clubes bonaerenses por robos, narcotráfico, secuestros extorsivos y asesinatos. "Están conectados a todo tipo de delitos", dijo Cristian Ritondo.

"Antes del comienzo de la Superliga les dije a los dirigentes que se podía jugar con visitantes si sacábamos a los barras. Sostengo que el Estado tenía que hacerse cargo de la admisión. Los clubes deben poder adecuar su infraestructura. Nos propusimos ir de apoco y este año ya logramos tener 120 partidos con público visitante", explicó Ritondo.

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