Alvaro Dias (Podemos), Cabo Daciolo (Patriota), Geraldo Alckmin (PSDB) y Marina Silva (Red), en la carrera presidencial brasileña, que todavía encabeza Lula desde prisión Fuente: AFP

Alberto Armendáriz SEGUIR Comentar (0) Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 10 de agosto de 2018 • 03:04

RIO DE JANEIRO.- En el primero de siete debates televisivos que habrá en Brasil antes de las elecciones del 7 de octubre, los principales candidatos presidenciales evitaron anoche fuertes confrontaciones para no espantar a un electorado ya muy pulverizado y decepcionado con los políticos en estos tiempos post Operación Lava Jato.

El gran ausente en el encuentro en los estudios de la cadena Bandeirantes en San Pablo fue el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva , irónicamente favorito para los comicios -con un 30% de apoyos- aunque desde abril cumple una condena a 12 años de cárcel por corrupción en el marco de la Lava Jato. Hasta último momento, fiel a su guión de victimización, la defensa del máximo jefe del Partido de los Trabajadores (PT) intentó que a Lula se le permitiera participar del debate mediante videoconferencia desde su celda en la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, pero la Justicia rechazó todos los pedidos.

Como alternativa para no quedar fuera de la discusión pública, el PT organizó un debate paralelo online con su candidato a vice, el exalcalde de San Pablo Fernando Haddad, quien debe ocupar la titularidad de la fórmula petista cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) impugne el nombre de Lula, a partir del día 15, plazo en que vence el registro de las candidaturas. Es que según la legislación electoral (Ley de Ficha Limpia), ningún ciudadano condenado en segunda instancia puede competir por un cargo electivo. Junto a Haddad estuvieron la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, y la joven líder de su aliado Partido Comunista Brasileño (PCdoB) Manuela D'Avila, quien pasaría a ser la aspirante a vice de la fórmula petista cuando el exalcalde paulistano quede como candidato a presidente.

#AOVIVO | #DebateComLula Fernando Haddad, Manuela D'Ávila, Gleisi Hoffmann e Sergio Gabrielli #OBrasilFelizDeNovo https://t.co/NFTh4MUPQ6&- PT Brasil (@ptbrasil) 10 de agosto de 2018

Frente a las cámaras de Bandeirantes, durante tres horas y media, se presentaron ocho de los 13 postulantes al Palacio del Planalto: el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), quien encabeza las intenciones de voto con un 19% en los escenarios sin Lula; la ecologista Marina Silva, de la Red Sustentabilidad (Red), 15%; el exgobernador de Ceará Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), 10%; y el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), 7%; además del senador Alvaro Dias (Podemos), el exministro de Economía Henrique Meirelles (Movimiento Democrático Brasileño), el excoordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) Guilherme Boulos (Partido Socialismo y Libertad), y el diputado Cabo Daciolo (Patriota), estos últimos cuatro con alrededor de un 1% de respaldo cada uno. Los restantes cuatro otros candidatos no participaron porque sus partidos no cuentan con el requisito mínimo de nueve legisladores en el Congreso.

A pesar de sus controvertidas posturas en defensa de la dictadura y en contra de las mujeres, los gays, los negros y los indios, Bolsonaro no fue casi blanco de ataques de sus rivales por estos temas, sino que buscaron dejar en evidencia la falta de propuestas serias para enfrentar temas prioritarios como la inseguridad, el desempleo, la salud, la educación y el déficit público. Nervioso pero sin llegar a irritarse como suele sucederle, el diputado -un exmilitar del ejército- abogó por el porte de armas para la gente común como forma de combatir el crimen, reiteró su inclinación a que el Estado se meta lo menos posible en la economía, citó varias veces a Dios, se declaró un patriota, condenó el comunismo, y resaltó que a diferencia de muchos otros políticos jamás fue acusado de corrupción.

"Soy el único que puede cambiar el destino de Brasil", aseguró en sus consideraciones finales, ya a más en línea con el tono mesiánico que lo ha vuelto un fenómeno en las redes sociales.

Veteranos de otras campañas presidenciales, Silva (2010 y 2014), Gomes (1998 y 2002) y Alckmin (2006), se mostraron más sólidos y efectivos en explicar sus planes de gobierno. Los tres subrayaron la prioridad de generar confianza como condición para que aumenten las inversiones, se creen puestos de trabajo y la economía entre en un ciclo de crecimiento sostenido.

Alvaro Dias (Podemos), Marina Silva (Red), Guilherme Boulos (PSOL), Henrique Meirelles (MDB) y Cabo Daciolo (Patriota), Geraldo Alckmin (PSDB), Ciro Gomes (PDT) y Jair Bolsonaro (PSL), los candidatos, en el debate
Alvaro Dias (Podemos), Marina Silva (Red), Guilherme Boulos (PSOL), Henrique Meirelles (MDB) y Cabo Daciolo (Patriota), Geraldo Alckmin (PSDB), Ciro Gomes (PDT) y Jair Bolsonaro (PSL), los candidatos, en el debate Fuente: AFP

"Para que haya empleo debe haber inversión, y para que haya inversiones debemos recuperar la credibilidad", apuntó Silva, de la Red, mientras que Gomes aprovechó para criticar la reforma labora impulsada por el gobierno de Michel Temer. "Introdujo mucha inseguridad. Esa salvajada nunca hizo prosperar a ningún país", afirmó el candidato del PDT.

Los tres también coincidieron en la urgencia de ampliar la red de saneamiento básico como medida para evitar enfermedades, y en la importancia de la educación temprana que posibilite luego una instrucción mayor de los jóvenes. Y aunque defendieron las investigaciones anticorrupción, Gomes cuestionó "excesos" de la Lava Jato y Silva criticó a Alckmin por haber sellado alianzas electorales con los partidos del llamado "centrão", muy salpicados por denuncias.

"Hay gente buena en todos los partidos", se defendió el exgobernador socialdemócrata, quien justamente por la coalición alcanzada tiene ahora más chances de crecer. "La Lava Jato es una conquista de la sociedad. Necesitamos profundizarla y acabar con la impunidad. Para eso debemos llevar adelante una reforma de las instituciones, empezando por la reforma política", ahondó después, en medio de varios ataques de sus rivales.

Como candidatos menores, Meirelles, Dias, Boulos y Daciolo apenas se lucieron con intervenciones coloridas. Meirelles buscó recordar todo el tiempo que fue presidente del Banco Central durante la bonanza del gobierno de Lula y que, luego, como ministro de Economía de Temer, revirtió la recesión en que dejó al país la gestión de Dilma Rousseff. Dias, por su parte, quiso ganar puntos al revelar que si llega a la Presidencia le ofrecerá el Ministerio de Justicia al juez Sergio Moro, que tuvo a su cargo los casos más importantes de la Lava Jato.

Boulos hizo reír al público cuando se refirió a sus contrincantes como los "50 tonos de Temer" por haber apoyado el "golpe"/ impeachment a Rousseff, en tanto que el estridente Daciolo arrancó carcajadas al decir que "el gran problema que enfrenta Brasil hoy es la falta de amor".

Por: Alberto Armendáriz

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