Nicholas Casey SEGUIR Comentar (0) Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 9 de agosto de 2018

Bogotá.- Los videos que circulaban por todas partes parecían capturar una presidencia en caída libre. En uno de 2016, se muestra cómo una turba hambrienta blande cacerolas y sartenes mientras persigue al presidente venezolano, Nicolás Maduro. El otro es de mayo de este año, y se ve a Maduro entrar a una plaza pública antes del día de las elecciones para saludar a una multitud? pero el lugar está prácticamente vacío. Luego, llegaron las imágenes de este fin de semana: cuando el escenario donde está el presidente parece agitarse por una explosión, cientos de soldados huyen en pánico.

Ese retrato de vulnerabilidad llega cuando Venezuela enfrenta la crisis económica más grande de su historia moderna. Y, sin embargo, Maduro sigue en el poder. En la actualidad, mucha gente se pregunta si en vez de haber permanecido a pesar de los desastres, no es más bien que tal vez, de alguna manera, ha permanecido gracias a ellos.

"Hay un área entre la democracia y la dictadura absoluta en la cual las crisis económicas de hecho pueden ayudar a que el gobernante se consolide en el poder", señaló David Smilde, profesor de Sociología que estudia el caso de Venezuela en la Universidad Tulane.

Maduro ha capeado intentos de rebelión, meses de enormes protestas callejeras, el aislamiento de sus países vecinos, amenazas de intervenciones militares de Trump, una caída en las ganancias del petróleo, desacuerdos dentro de su propio partido, un éxodo masivo de su pueblo y una elección en mayo, que en general ha sido calificada como amañada y ha extendido su período hasta 2025.

Maduro se ha esforzado mucho por cortejar a aquellos que podrían derrocarlo, como el ejército venezolano, que los observadores consideran desde hace mucho tiempo el grupo más poderoso que podría volverse en su contra.

Las marchas que siguen ocurriendo son menos políticas y a menudo tienen como objetivo presionar a los funcionarios locales para que se restauren servicios como el agua y la electricidad.

Hebert García Plaza, un exgeneral que huyó del país después de que el gobierno de Maduro lo acusara de corrupción, señaló que las agencias de seguridad venezolanas acaban con las protestas en cuanto se planean, para evitar que haya otro estallido de marchas como las que tuvieron lugar en 2017.

"Extraen el tumor desde su origen", dijo, y agregó que las agencias de inteligencia ahora realizan arrestos en cuanto perciben una señal de "descontento social o un intento de levantamiento".

Las circunstancias recuerdan a algunos dictadores de América Latina del siglo XX. Sin embargo, hay diferencias marcadas: si en aquel entonces los generales permanecían impávidos bajo lentes oscuros mientras las formaciones militares estaban de pie en posición de firmes, Maduro parece estar en una crisis permanente.

Muchas personas consideran que este tipo de incertidumbres son las que mejor aprovecha Maduro para sacar ventaja. Ahora está usando el supuesto intento de asesinato como pretexto para reprimir a la oposición.

Aunque el presidente venezolano tal vez no encaja exactamente en el molde de un dictador militar, ha seguido el ejemplo del exlíder cubano Fidel Castro: usar el éxodo de ciudadanos infelices como una válvula de escape.

El gobierno de Castro enfrentó dos grandes migraciones. La primera ola estaba formada por cubanos de las clases media y alta que se oponían a su revolución de 1959; la segunda, por cubanos más pobres que huyeron en botes a inicios de los años ochenta. Venezuela ha visto migraciones similares. Pero se han dado de forma simultánea.

El resultado está cambiando la demografía venezolana: muchos de los opositores de Maduro están fuera del país, y muchos de los que permanecen han decidido soportarlo. "Esto deja a una población que está satisfecha con lo que sucede o que suele ser más pasiva", afirmó Smilde. Sin embargo, el sociólogo advierte que no es sostenible a largo plazo permanecer en el poder sacando ventaja de una crisis reiteradamente.

No obstante, por ahora, el presidente parece satisfecho porque su fórmula está funcionando. Aunque fue un protegido de Hugo Chávez, hay ocasiones en que Maduro coquetea con las comparaciones que lo acercan a dirigentes que recurrieron a la fuerza bruta para gobernar.

"Hay personas en el mundo que me consideran el Stalin del Caribe", mencionó en un programa a finales del año pasado. "Y me parezco a él. Miren mi perfil. A veces me veo en el espejo y veo a Stalin".

Por: Nicholas Casey

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