El encarcelamiento de Lula obligó a varias fuerzas políticas a replantear la estrategia de cara a las presidenciales Fuente: Reuters

Alberto Armendáriz SEGUIR Comentar (0) Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Obtener link Guardar 21 de julio de 2018

RÍO DE JANEIRO.- Iniciada anoche la temporada de convenciones partidarias, la carrera electoral en Brasil ya es un caso sui generis.

El candidato favorito está en la cárcel y quedaría imposibilitado para competir; el segundo en las encuestas tiene problemas para hallar un compañero de fórmula, y los otros principales aspirantes se disputaron esta semana el apoyo de partidos menores salpicados por denuncias de corrupción, irónicamente, uno de los problemas que hoy más preocupan a los brasileños tras el vendaval de la operación Lava Jato.

"Será una campaña muy extraña, marcada por desesperadas negociaciones y la incertidumbre hasta último momento sobre quién ganará, por el gran porcentaje de indecisos actual", vaticinó a LA NACION el analista Glauco Peres da Silva, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de San Pablo.

Según el último sondeo de Datafolha, el mes pasado, entre un 21% y un 33% de los consultados no saben por quién votarán. Tal vez sus dudas empiecen a despejarse de aquí hasta el 5 de agosto, cuando terminen las convenciones para lanzar oficialmente a sus postulantes.

La primera gran incógnita que persiste es qué sucederá con la candidatura del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, que desde abril cumple una pena de 12 años de prisión por corrupción y lavado de dinero en un caso vinculado con el Lava Jato. Según la legislación brasileña, el máximo líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que encabeza las intenciones de voto con un 30% de respaldo, está inhabilitado para disputar la elección por haber sido condenado ya en segunda instancia por un órgano colegiado.

Plan B petista

En público, el PT repite que buscará registrar a Lula ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) hasta el 15 de agosto, cuando vence el plazo, con la esperanza de que se acepte la candidatura mientras el exmandatario apela su sanción ante la Corte Suprema. En privado, ya se prepara un plan B, con un candidato alternativo que podría ser el exalcalde de la ciudad de San Pablo Fernando Haddad o el exgobernador del estado de Bahía Jaques Wagner. Y se negocia para que la joven candidata presidencial del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), Manuela D'Avila, acepte ir como vice del designado petista.

En un escenario sin Lula, los sondeos ubican en la delantera de las intenciones de voto al ultraderechista diputado Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), con un 19% del electorado. Sin embargo, ese apoyo no ha sido suficiente para conseguir a un compañero de fórmula.

La primera opción del exparacaidista del Ejército era el popular senador y pastor evangélico Magno Malta, del Partido de la República (PR). Era una movida pragmática: con su gran bancada en el Congreso, el PR hubiera aportado 45 valiosos segundos al espacio electoral gratuito en radio y televisión del PSL, que apenas cuenta con ocho segundos. Pero aquel plan se frustró: Malta decidió que era mejor para él buscar su casi asegurada reelección en el Senado que embarcarse en una aventura de alto riesgo con Bolsonaro, famoso por sus polémicas declaraciones en defensa de la última dictadura y en contra de mujeres, gays, negros e indígenas.

Bolsonaro apuntó entonces a una inusual fórmula castrense e invitó al general de reserva Augusto Heleno Ribeiro Pereira, excomandante de la misión de paz de Naciones Unidas en Haití en 2004. Miembro del minúsculo Partido Republicano Progresista (PRP), el general no aportaba tiempo de propaganda televisiva, sino que reforzaba la imagen de mano dura de Bolsonaro y sus promesas de orden y seguridad. Pero la decisión fue vetada por el propio PRP, que no comparte las controvertidas posturas de Bolsonaro.

"A Bolsonaro le llegó su golpe de realidad; aunque haya sido un fenómeno en las redes sociales y represente una novedad en la política brasileña, es un extremista muy aislado, con un electorado cautivo que parece haber llegado a su techo. Si no construye alianzas, conexiones a nivel estatal y municipal, y no gana espacio televisivo y financiamiento, su candidatura sufrirá una caída vertiginosa", advirtió el profesor Paulo Calmon, del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

Mientras tanto, los otros principales candidatos libraron en las últimas horas una feroz batalla por el apoyo de partidos menores, pero que aportarían tiempo de radio y TV, recursos del fondo partidario y estructuras en los estados y municipios.

La ecologista Marina Silva, de la Red Sustentabilidad (Red), que cuenta con un 15% en intención de voto, se acercó al Partido Popular Socialista (PPS), al Partido Socialista Brasileño (PSB) y al Partido Republicano de Orden Social (Pros), aunque todavía no cerró trato con ninguno.

El centro, muy buscado

Por su parte, el exgobernador de Ceará Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), con 11% en las encuestas, y el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con un 10% de intención de voto, estuvieron enroscados en un febril combate por conseguir el respaldo de los partidos del centro, que tienen grandes bancadas parlamentarias, como el PR, el Partido Progresista (PP), el Partido Republicano Brasileño (PRB), el Demócratas (DEM) y el Solidaridad (SD). Para muchos analistas, se trata de pactos con el diablo, porque son los que poseen mayor cantidad de miembros denunciados por corrupción.

"Son representantes de la política tradicional, pragmáticos, sin ideología y sin una plataforma clara de gobierno, listos para ocupar puestos que les permitan mantenerse cerca del poder", explicó Peres da Silva.

Después de prometer cargos, espacios y recursos en un eventual gobierno suyo, Alckmin recibió anteanoche la venia del centro. Este botín de guerra le garantizará casi cinco minutos de aire sobre un total de 12 minutos y medio del horario de propaganda electoral gratuito. "La candidatura de Alckmin puede así lograr la sobrevida necesaria para pasar al ballottage tras la primera vuelta electoral del 7 de octubre", apuntó Calmon.

En el centro también se encontraría el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del presidente Michel Temer, pero por ahora insiste en avanzar con su propio candidato, el exministro de Economía Henrique Meirelles, aunque los sondeos lo colocan con solo un 1% de intención de voto por la impopularidad de Temer. De naufragar su candidatura, el MDB se inclinaría luego por Alckmin.

La decisión del centro fue un golpe para el izquierdista Gomes, quien esperaba anunciar ese apoyo clave ayer, durante la convención del PDT. Ante el temor de quedar aislado, ya dio señales claras al PT de que estaría dispuesto a sellar algún tipo de acuerdo de fuerzas de izquierda.

"Brasil nunca será un país en paz mientras el compañero Lula no recupere su libertad", dijo al extender una rama de olivo al expresidente, del que fue ministro de Integración Nacional (2003-2006).

Por: Alberto Armendáriz

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