El líder Kim Jong-un y su esposa (centro) posan con las estrellas del K-pop surcoreano Fuente: AFP

Corea del Norte. Seis adolescentes fueron sentenciados a trabajos forzados por distribuir música prohibida del vecino país del sur Adrián Foncillas SEGUIR 0 16 de abril de 2018

PEKÍN.- La tiranía de Corea del Norte desatiende incluso la ejemplaridad del líder. Media docena de adolescentes fueron condenados a trabajos forzados por escuchar bandas pop de Corea del Sur que dos semanas después actuaron frente a Kim Jong-un . Es el último episodio de la tragicomedia norcoreana.

Lo primero lo reveló la prensa japonesa. Cuatro adolescentes de 16 y 17 años fueron sentenciados el 22 de marzo en un juicio público por "conspiración contra el Estado", tras quedar demostrado que habían escuchado y bailado una cincuentena de canciones de K-pop y después las habían redistribuido a través de un pendrive. La condena a trabajos forzados por delitos leves oscila entre seis meses y un año. Se desconoce el castigo que recibieron los otros dos adolescentes, pero según asegura el diario Asahi Shimbun todos fueron conducidos directamente a la cárcel.

Los jóvenes provienen de la provincia de Ryanggang, cercana al río Yalu (en mandarín) o Amnok (en coreano) que separa China de Corea del Norte. Por ahí, especialmente cuando el río se hiela en invierno, llega el grueso de la mercancía de contrabando, desde televisores para la elite hasta DVD con las últimas series televisivas o bandas pop surcoreanas.

Lo segundo fue reproducido en su momento por la prensa del mundo. Kim Jong-un y su esposa, Ri Sol Ju, presidieron el primer domingo de abril un megaconcierto de 160 artistas del otro lado de la alambrada. A Kim se lo vio aplaudiendo al ritmo de los melifluos acordes y algo sonrojado cuando departía jovialmente con las cantantes. Al concierto celebrado en el Gran Teatro Oriental de Pyongyang acudieron 1500 miembros de las elites políticas y económicas, que en Corea del Norte es una redundancia. El menú incluyó desde las celebérrimas Red Velvet, que dejaron en Seúl sus sucintas minifaldas, hasta el reverenciado crooner Cho Yong-pil. Temas como "Nuestra esperanza es la reunificación" o "Hasta que nos encontremos de nuevo" acercaron el estadio al éxtasis.

"Nuestro camarada líder dijo que su corazón se ensanchó y se conmovió al ver a su pueblo profundizando su entendimiento de la cultura popular surcoreana y vitoreando con sinceridad", explicó la prensa oficial. "(Kim Jong-un) mostró mucho interés por el espectáculo y formuló muchas preguntas sobre las canciones y sus letras", aclaró el ministro surcoreano de Cultura, Do Jong-whan.

El público aplaudió, animó y mostró su conocimiento de muchas letras cantándolas junto a los artistas. No hay noticia de que fueran detenidos a pesar de la prohibición de escuchar la música del país con el que siguen en estado teórico de guerra.

La gala, con el título "La primavera está llegando", es la última evidencia del nuevo clima en la península. Los intercambios culturales se han multiplicado a través del Paralelo 38 y los líderes globales hacen cola para fotografiarse con Kim Jong-un desde que este aludiera al diálogo en el discurso de Año Nuevo.

El K-pop debería ser considerado inocuo incluso para un régimen instalado en la paranoia. Son grupos prefabricados de jóvenes calcados unos de otros que cantan al amor juvenil con melodías edulcoradas. Nada de mensajes políticos ni de rebeldía. Ocurre que la juventud norcoreana queda tan extasiada con su vestimenta mínima como con sus banales desvelos tan alejados de su árida cotidianidad. Cualquier contacto de la población con la cultura popular del sur amenaza con dinamitar la idea del paraíso socialista propio y del infierno capitalista ajeno de drogas, asesinatos e inmoralidad que vende el régimen.

Pyongyang se desvela por blindar a su pueblo de la contaminación extranjera sin mucho éxito. Para hablar del concierto, la prensa oficial se enfrentó al dilema de conjugar esa preocupación con el delirante culto a la personalidad de su líder, ubicuo en la parrilla televisiva. Lo resolvió con una sucinta información sobre su asistencia al encuentro musical, pero callando el nombre de los grupos y con la voz en off eclipsando las canciones.

Por: Adrián Foncillas

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