"Hace tiempo tenemos muchas ganas de ir ahí, pero sobre todo a un lugar donde haya algo de sol. Está siempre nublado por acá", cuenta riéndose Mike Kerr, cantante y bajista de los ingleses Royal Blood, sobre su primera visita porteña en el marco del Lollapalooza Argentina 2018 (tocan el viernes 16 a las 18.30 en el Main Stage 2).

A fuerza de un sonido stoner de riffs sucios y desprolijos que ponen un pie en el funk y la psicodelia, el dúo -que completa Ben Thatcher en batería- tuvo un despegue meteórico. Su primer disco, el homónimo de 2014, debutó primero en los charts británicos gracias a los singles "Out of the Black" y "Figure it Out". Inmediatamente el multitudinario festival de Glastonbury les daba espacio en uno de sus main stages, y en cuestión de meses los medios británicos los laureaban como la nueva sensación del rock moderno. Quizás también haya ayudado el fanatismo vocal de altos perfiles como Dave Grohl, Lars Ulrich y Jimmy Page.

Un año antes de eso, Kerr volvía de un Work & Travel en Australia a su ciudad natal de Brighton. Mientras Thatcher lo buscaba en el aeropuerto, Kerr le mostró ideas de unos riff que había escrito durante el viaje. Así nació Royal Blood. "Ensayamos en el lavadero de un amigo, armamos cuatro canciones y las tocamos en vivo esa misma noche", explica el baterista. Aquel show se extendió en una serie de presencias en el circuito open-mic de Brighton, que les abrió las puertas a un contrato con Warner.

Aunque al grupo le alcanzaba con una batería y un bajo sonando con varios efectos y amplificadores en paralelo, en How Did We Get So Dark? (2017), su segundo disco, sumaron teclados a la fórmula. De hecho, el piano fue el primer instrumento con el que empezó Kerr de chico. "Vengo tocando el bajo todo este puto tiempo y necesitaba abrir un poco las alas", dice. "El teclado es como el truco que tengo más a mano. Tiene una textura inmeditada. Lo único que tenés que hacer es presionar un botón, o bueno, tus propios botones".