41. Kyuss – 'Blues for the Red Sun'

1992

Otros guitarristas ya se habían deleitado en las frecuencias bajas más ensordecedoras, pero el co-fundador de Kyuss -y futuro líder de Queens of the Stone Age- Josh Homme hizo de la práctica casi una ciencia. Su guitarra, afinada más grave y conectada a un amplificador de bajo, ofrecía un sonido que podría describirse como el terciopelo gastado de una guitarra distorsionada, tan lujoso como atronador. El sonoro retumbo de Homme puede que sea el emblema más celebrado de Kyuss, pero la verdadera fuerza de Blues for the Red Sun era la capacidad química de la banda para transformar arreglos de blues tradicional en épicas alucinógenas como "Freedom Run" o "Thumb", donde el riff parece estirarse hacia el horizonte. Riffs torrenciales como el de "Green Machine" completan la pesada mezcla del disco. Homme reconoció el talento compositivo de la banda, y lo explicó por los primeros años, en los que el grupo tocaba en "fiestas de generador" -llamadas así porque la electricidad provenía de generadores a gas- en el desierto, cerca de su ciudad natal de Palm Desert, California. "Acá no hay clubes, así que sólo podés tocar gratis", le dijo a Billboard. "Si a la gente no le gustás, te lo dicen. No podés ser malo." Y Kyuss ciertamente no lo era. J. D. C.

42. Diamond Head – 'Lightning to the Nations'

1980

Editado primero con una tapa blanca, sin títulos de canciones, el debut de Diamond Head fue parte de los lanzamientos de la Nueva Ola de Heavy Metal Británico de 1980. Unicos entre sus pares, como Saxon y Def Leppard, los Diamond Head aquí se limpiaban el sudor y los excesos del hard rock, acortando la duración de las canciones y proveyendo una respuesta actualizada a Page y Plant, de Led Zeppelin, en los lamentos de Sean Harris y los riffs para estadios de Brian Tatler. Para Lightning to the Nations, el dúo creó canciones intrincadas, casi orquestalmente estructuradas, como "The Prince", "Sucking My Love" y "Am I Evil?", que pasaba de un riff a otro como si no les costara nada. Aunque la mala suerte en los negocios impidió su progreso, los fans lo evaluaron muy bien. Lars Ulrich dijo que Lightning contenía "algunas de las mejores canciones de la historia". De hecho, Metallica versionó cinco de los siete temas del disco -las más conocidas: "Helpless" y "Am I Evil?"- tanto en vivo como en estudio durante más de tres décadas.

Ian Christe

43. Judas Priest – 'Stained Class'

1978

Punto de inflexión en la carrera de Judas Priest -y en la historia del metal-, Stained Class, de 1978, fue el disco en el que el grupo británico tiró por la borda los últimos vestigios de sus inclinaciones progresivas, y fue directo a la yugular con canciones más rápidas y amenazantes como "Exciter", "White Heat, Red Hot" e "Invader"; incluso la única balada del disco, "Beyond the Realms of Death", sonaba económica comparada con los trabajos anteriores. Aunque Stained Class luego sería usado como prueba criminal en el tristemente célebre caso del "backward masking" (una causa judicial contra la banda por parte de la familia de un adolescente que se suicidó supuestamente después de escuchar mensajes subliminales en el tema "Better by You, Better Than Me"), el disco colocó a los Priest en los rankings de Estados Unidos por primera vez, y ayudó a correr del foco al punk inglés y encender lo que luego sería la Nueva Ola de Heavy Metal Británico. "Fue un momento verdaderamente estimulante para la banda", le dijo el líder Rob Halford a Classic Rock en 2011. "Creíamos mucho en nosotros, en lo que íbamos a hacer y en nuestro sentido de la aventura. Nos hizo tomar conciencia: 'Somos una maldita banda de metal, y esto es lo que nos gusta hacer. Llenate los oídos de esto'." D. E.

44. Mötley Crüe – 'Shout at the Devil'

1983

Dos años después de sacudir la escena del metal de Hollywood con Too Fast for Love, Mötley Crüe tomó el mundo (y a Lucifer) por asalto con Shout at the Devil. Con un pentagrama en la tapa del disco, y un estilo de glam metal exagerado que parecía una respuesta a qué pasaría si los New York Dolls se hubieran cruzado con un equipo de fútbol americano, el grupo logró establecerse como el nuevo rostro -cruel y sanguinario- del metal. También tenían un sonido más pesado. Empezando por "Shout at the Devil" -un himno que les pide a los oyentes que se resistan al pecado (algo que Crüe no pudo hacer)- y pasando directamente a "Looks That Kill" y "Too Young to Fall in Love" (y su letra misógina: "Te voy a matar/Ver cómo se te pone azul la cara"), el grupo se aseguró de que cada single fuera lo suficientemente sucio como para salir después de Judas Priest en la radio y existir en su propio universo de pelos raros en MTV. En otra parte, coquetean no con la beatlemania sino con la mansonmania con un cover de "Helter Skelter", pintan un retrato sanguinario con "Bastard" y declaran su propia grandeza en "Red Hot". "Estábamos muy frustrados", dijo Nikki Sixx en la época del lanzamiento. "Teníamos un montón de problemas financieros." Shout at the Devil, cuatro veces platino, fue la venganza de Mötley Crüe. K. G.

45. Exodus – 'Bonded by Blood'

1985

Si las consideradas Cuatro Grandes bandas de thrash -Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax- se expandieran a cinco, Exodus completaría el cuadro, sencillamente por la manera en que su debut, Bonded by Blood, explota en el estéreo. El líder Paul Baloff suena como un hombre poseído por el caos. En una canción promete, a quienes dudan, darles una lección de violencia ("A Lesson in Violence"); en el tema del título les urge a sus fans a que se golpeen las cabezas contra el escenario ("¡Asesinato en primera fila!"); en otra, le pide a Lucifer que lo lleve hacia el mal ("Deliver Us to Evil"). Mientras, el resto del grupo -liderados por el guitarrista Gary Holt y su acompañante Rick Hunolt (que reemplazó a Kirk Hammett cuando se fue a Metallica en 1983)- provee voces melódicas en "And Then There Were None" y riffs velocísimos en himnos como "Strike the Beast" y la galopante "Piranha". Finalmente, el alcoholismo de Baloff fue demasiado para la banda, que lo echó en 1986, y el grupo nunca volvió a hacer un disco tan vital. K. G.

46. Mastodon – 'Leviathan'

2004

Hace una década y media los metaleros progresivos de Mastodon todavía eran relativamente desconocidos. En una pausa del incesante régimen de giras de la banda, el baterista Brann Dailor leyó Moby Dick y le sorprendieron los paralelos. "Los Mastodon éramos como marineros, cuando viajábamos tocando en sótanos. Estábamos metidos en una búsqueda de algo que quizás no estuviera ahí", le dijo a Modern Drummer. Así nació la idea de que el segundo lanzamiento de Mastodon fuera un disco conceptual sobre la novela, un álbum que fuera lo suficientemente grande y malvado como para estar a la altura de la ballena blanca asesina. A los pocos segundos del primer tema, "Blood and Thunder", queda claro que el grupo lo logró: te golpea una oleada de guitarras, gritos guturales y ráfagas de arreglos de batería. T. B.

47. Slayer – 'South of Heaven'

1988

Después de que Reign in Blood los consolidara como el grupo más rápido y furioso del thrash, la pregunta a la que se enfrentaba Slayer era: "¿Y ahora qué?". "Sabíamos que no podíamos superar Reign in Blood, que teníamos que bajar la velocidad", recordó el guitarrista Jeff Hanneman en diálogo con Decibel. "Era raro: nunca habíamos hecho eso en un disco, ni lo volvimos a hacer." Era definitivamente más lento. Incluso cuando el tema del título pasa al doble de velocidad, el tempo parece un trotecito cómodo en comparación con la furia de doble bombo de "Angel of Death", de Reign in Blood. Pero el riff majestuoso estilo sitar que abre la canción es más ominosamente aterrador que cualquier cosa que haya en su predecesor, y hay algo memorablemente mórbido en el arreglo de guitarras armonizadas que abre "Mandatory Suicide". Ahí fue donde Slayer demostró que era la composición, y no sólo su velocidad y vigor, lo que hacía que importara su música. J. D. C.

48. Rainbow – 'Rising'

1976

Descontento con la orientación cada vez más funk de Deep Purple, Ritchie Blackmore dejó la banda en 1974 y formó Rainbow con Ronnie James Dio. Y con Rising, el segundo LP del grupo, produjeron un álbum que competía con lo mejor de Purple. "Todos dijeron que era mi mejor trabajo en mucho tiempo, supongo que es un elogio", dijo el guitarrista en 1976, cuando salió el disco. "Pero bueno, ¿cómo saberlo?" No se necesita ser musicólogo para apreciar la energía casi mística de "Tarot Woman", el boogie para estadios de "Starstruck", las épicas tolkienianas de "Stargazer" y "A Light in the Black", o la manera feroz y dinámica con la que las tocaban Blackmore y compañía. Lástima que Rising fue la cima artística de Rainbow: Blackmore luego llevaría al grupo en direcciones más comerciales. "Le molestaba que no lo pasaran por la radio, y cambió", se quejó el bajista Jimmy Bain ante Classic Rock en 2014. "Creía que no íbamos a ser exitosos, porque Rising era demasiado pesado." D. E.

49. Neurosis – 'Through Silver in Blood'

1996

Neurosis, un grupo de hardcore punk de San Francisco formado por el cantante y guitarrista Scott Kelly, el bajista Dave Edwardson y el baterista Jason Roeder en 1985, se había puesto más lento, pesado y profundo a lo largo de varios LPs. Con la llegada del tecladista Noah Landis en 1995, se armó la formación más madura del grupo y, un año después, nació su obra maestra: una mezcla de hardcore, industrial, metal y sampleos, que logró un equilibrio entre una pesadez opresiva, una repetición hipnótica y una vulnerabilidad sorprendente. "Fue una época difícil para todos y eso nos llevó a una música muy compleja", dijo el guitarrista Steve Von Till en 2016. "Queríamos llevar esto al lugar más oscuro. Y había que estar ahí para encontrarlo." S. S.

50. Slipknot – 'Iowa'

2001

Después de que el debut homónimo de Slipknot catapultara al noneto enmascarado de la oscuridad del Midwest al estrellato, el grupo casi implosiona en una tormenta autodestructiva. En lugar de la descarga catártica del primer disco, el cantante Corey Taylor le dijo a Revolver: "Cuando hicimos Iowa, yo no dejaba ir nada. Era enojo por el enojo mismo. Por suerte, de ahí salió un disco fantástico". Más allá de la intensidad aural -las guitarras jadeantes, los remolinos oscuros de redoblante y tom, la garganta destrozada de Taylor-, lo que se destaca es la composición melódica, como en la misántropa "People = Shit" y las voces dulces que flotan en el estribillo de "My Plague". Es como si el grupo quisiera que su dolor fuera adictivo. J.D.C.

51. Carcass – 'Heartwork'

1993

Originalmente, Carcass era un trío grindcore pionero de Liverpool, y el guitarrista Bill Steer, el bajista y cantante Jeff Walker y el baterista Ken Owen eran conocidos por rugidos desagradables como "Manifestation of Verrucose Urethra". En 1990 sumaron un segundo guitarrista, Michael Amott, y el grupo se puso más elegante y dinámico. Para 1993 la complejidad y la sangre ya iban de la mano. "En Heartwork -y esto, ahora, puede sonar avergonzante- tomamos ideas estilísticas del "Album Negro [de Metallica] y de Nevermind, de Nirvana", le dijo Walker a Decibel en 2013. "Queríamos ser más directos." Sumado a la producción estelar de Colin Richardson, el resultado fue un set de canciones instantáneamente atractivas.S.S.

52. Def Leppard – 'Pyromania'

1983

"Queríamos un disco que sonara como se ven las películas de Steven Spielberg", dijo el vocalista de Def Leppard, Joe Elliott, acerca de la idea de la banda para Pyromania. Para lograrlo, el grupo y el productor Mutt Lange (AC/DC, Shania Twain) pasaron nueve meses y gastaron casi un millón de dólares grabando su tercer LP, usando lo último en sintetizadores, técnicas de grabación ultramodernas como sampleos de baterías y voces perfectamente pitcheadas para respaldar un sonido enorme sin precedentes. Para el verano de 1983, Pyromanía estaba vendiendo más de 100.000 copias por semana gracias a canciones como "Photograph", "Rock of the Ages" y "Foolin'", melodías de primera clase. T. B.

53. Type O Negative – 'Bloody Kisses'

1993

Cuando Type O Negative emergió de las cenizas de Carnivore, el grupo thrash de Nueva York, su sonido no era muy diferente. Pero en 1993, el grupo envolvió sus guitarras en sintetizadores diáfanos, y reformó al líder Peter Steele en un crooner de voz profunda. "Después de Slow, Deep and Hard me di cuenta de que cualquiera puede gritar", le dijo más tarde a Grimoire. "Cantar afinado tampoco requiere mucho talento, pero al menos sí más esfuerzo." Algunos interpretaron sus guiños religiosos (el órgano de "Bloody Kisses", las voces de monje de "Christian Woman") como muestra de una sensibilidad gótica, mientras que otros tomaron a "Black No. 1" -una oda a una novia teñida y obsesionada- como prueba de que estaban jodiendo. La cultura pop no había visto nada tan diabólicamente gracioso en años. J. D. C.

54. Helmet – 'Meantime'

1992

Meantime resquebrajó el exceso de metal de los 80 con inteligencia callejera y una onda sarcástica. Para el segundo disco de Helmet, el guitarrista y líder Page Hamilton -quien tenía un máster en jazz y una sociedad con el compositor vanguardista Glenn Branca- estaba bien parado para renovar al género. "In the Meantime" tenía un ritmo staccato imponente y guitarras noise, y "Unsung" mezclaba un riff memorable con la voz serena de Hamilton. El sonido firme de Meantime influenciaría a grupos como Pantera, Deftones, Bush y Linkin Park, entre muchos otros, pero Hamilton siempre pareció incómodo con su rol como innovador. "Creo que es destructivo trazar divisiones snob entre el jazz, la música clásica y el rock", le dijo a Guitar World en 1992. "Los guitarristas deberían recibir información de todas las fuentes posibles, ya sea Charlie Parker, un cuarteto de cuerdas que toque a Bartók, o un disco de Mötley Crüe." H. S.

55. Opeth – 'Blackwater Park'

2001

A lo largo de los 90, el grupo sueco Opeth construyó una reputación por su singular mezcla de death metal, doom y rock progresivo, pero no fue hasta su quinto disco, Blackwater Park, que esos elementos se fusionaron por completo. Parte del crédito corresponde a la madurez compositiva del guitarrista y líder Mikael Akerfeldt y la química entre los cuatro integrantes de la banda, pero la influencia del productor Steven Wilson no puede ser ignorada. Mente maestra detrás de Porcupine Tree, Wilson aprovechó las varias influencias de Akerfeldt y le dio al disco una forma inmaculada y fascinante. Si bien hay suficientes momentos de poder y furia, los pasajes melódicos del álbum crean una marea agraciada a lo largo de los 67 minutos de Blackwater Park. Todo forma parte de un viaje encantador y laberíntico, desde la pastoral "Harvest" hasta la sombría "Bleak" y la maravillosa obra de once minutos "The Drapery Falls". "Creo que si estás confinado a un único tipo de música, te perdés muchos mundos y colores", le dijo Akerfeldt a Metal Hammer en 2005. "Te estás privando de grandes experiencias. Y si hay un mensaje en Blackwater Park, es ése." A. B.

56. The Dillinger Escape Plan – 'Calculating Infinity'

1999

Los grupos de rock llevaban décadas experimentando con ritmos no convencionales, pero nunca fue un movimiento hasta que The Dillinger Escape Plan lanzó Calculating Infinity. Quizás es porque nadie antes había llevado la idea al extremo. "Calculating Infinity éramos nosotros rompiendo el libro de teoría musical", le dijo el guitarrista Ben Weinman a The Independent. "Sonaba desagradable, pero lo hicimos, y quizás finalmente llevamos eso a la enésima potencia." Pero la grandeza del álbum no sólo emergía de los ritmos tambaleantes y espásticos, ni de las armonías desarticuladas, ni de la manera en que la guitarra de Weinman sonaba como una sierra cortando acero. Había una lógica subyacente, una sensación de estructura que elevaba canciones como la catártica "43% Burnt" a un reino por encima del ruido y la furia del hardcore cotidiano. Los fans lo llamaron "mathcore", por los constantes cambios de ritmo. Pero por más que Calculating Infinity definiera ese movimiento, el movimiento nunca definió a The Dillinger Escape Plan. J.D.C.

57. Emperor – 'Anthems to the Welkinat Dusk'

1997

Tres años después de lanzar su debut, la hiperacelerada declaración de black metal In the Nightside Eclipse (1991), Emperor tenía dos miembros en la cárcel (uno por incendio provocado, el otro por asesinato), así que el guitarrista y cantante Ihsahn tuvo que armar una nueva formación hasta que su compañero de guitarra, Samoth, saliera de la prisión. Cuando se reunieron, compusieron un LP que agregaba texturas más oscuras. Lo impresionante es el modo en que las ambiciones neoclásicas de Ihsahn se volvieron más evidentes, con diatribas acerca del satanismo y adornos de teclados agresivos. Una atmósfera etérea sobrevuela a "The Loss and Curse of Reverence", enmarañándose con su voz áspera y el aporreo incesante del baterista Trum. "Ensorcelled by Khaos" pasa del salvajismo del black metal a una melodía carnavalesca que impregna todo de triunfalismo gótico. El disco inspiró a una nueva generación de grupos a experimentar con el clasicismo. "Alguna gente no se entusiasma con nuestras letras", dijo Ihsahn, "pero disfruta lo extremo de nuestra música". K. K.

58. Life of Agony – 'River Runs Red'

1993

Un disco conceptual sobre el suicidio con odas a la misantropía, el abandono paterno y el arrepentimiento. Para hacerlo aún más impactante, el grupo armó bases sobre las que la líder Mina Caputo cantaba con barítono, en una mezcla de gloom metal y hardcore punk que en vivo incluía sketches teatrales. El bajista Alan Robert compuso las canciones -con frases como "Dame una buena razón para vivir; yo te doy tres para morir"- en una época en que había tocado fondo. "Era básicamente mi diario", le dijo a RS en 2017. El grupo, desde entonces, pudo ver el carácter unificador de sus letras, que llegaron a fans que dicen que Life of Agony los ayudó a pasar momentos difíciles. K. G.

59. Napalm Death – 'From Enslavement to Obliteration'

1988

Cuando Napalm Death explotó en Birmingham con una garganta llena de polémicas anarcopunks y un sonido que era como una ametralladora Vickers, cimentaron el "gindcore", un subgénero marcado por las baterías cómicamente aceleradas de Mick Harris y canciones brevísimas. El segundo disco, From Enslavement to Obliteration, es el único ND con su alineación y sonido clásicos: los blastbeats icónicos de Harris, el ladrido balbuceante de Lee Dorrian, el motor de las guitarras de Bill Steer, y el bajista Shane Embury. Enslavement es una obra maestra en los términos en que un disco de 22 canciones en menos de 30 minutos puede serlo, una nube de gritos que pedían por los derechos de los animales, destruía el racismo y se oponía al patriarcado. "Pusieron al hardcore y el metal en un acelerador", le dijo Digby Pearson, fundador de Earache Records, a Spin.

Christopher R. Weingarten

60. Melvins – 'Bullhead'

1991

Durante gran parte de su primera década como banda, los Melvins reemplazaron la antipatía y alienación de grupos de punk más sucios (Flipper, Fang, los Black Flag de My War) con una dinámica beefheartiana. Sus texturas de magma -un Black Sabbath con convulsiones- probarían ser una influencia para sus amigos de Nirvana. Sin embargo, el tercer LP de la banda, Bullhead, es casi como su salida del clóset como grupo de metal: las canciones son más largas, más precisas, la producción menos nerviosa. La agitación optimista de "Your Blessened" les mostraría el camino a grupos de sludge pop como Torche y Baroness. C.R.W.

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