La estrella pop de ascenso más rápido del año está descansando en el backstage de Capital One Arena en Washington D.C., comiendo unos snacks picantes de choclo Takis, y tratando de ver qué hacer con un extraño rato de tiempo libre. En tres horas, Camila Cabello estará dando vueltas en el escenario con unas botas hasta las rodillas y un corset, pero en este momento, está vestida como una universitaria, con un sweater gris enorme y calzas, y su pelo marrón brillante recogido en un rodete. Es un lunes de mediados de diciembre, un gélido día en una ciudad aburrida que hace que Cabello desee estar en Miami, su ciudad. Pero siempre está Netflix. "¿Querés ver repeticiones de Friends?", pregunta, y suena genuinamente contenta con la idea.

En este momento, Cabello está contenta con casi todo, ¿y quién podría culparla? Hace casi un año que se separó del grupo de chicas Fifth Harmony, que fue formado en 2012 por los jurados, entre ellos Simon Cowell, de la versión americana, ahora difunta, de The X Factor. Y lanzar su carrera solista ahora parece haber sido una gran idea, incluso si inicialmente hizo que algunos fans se enojaran (dejando al grupo, que ahora tiene cuatro miembros, con un nombre que no tiene sentido). Cabello tiene un single exitosísimo, con mucho valor personal: el irresistible "Havana", con vientos y pianos de sabor latino entrelazados en un beat de Pharrell Williams y un rap de Young Thug. Es "una oda a mi herencia, a mi cultura" que empezó simplemente como un título en las notas de su iPhone. El tema -que finalmente encuentra un uso especial para su voz grande y seductora- homenajea a la capital cubana, donde nació de un padre mexicano y una madre cubana, la cual ahora está con ella en el camarín. El éxito de la canción también ayudó a Cabello a encontrar una dirección para su próximo disco: su siguiente single, el rockero "Never Be the Same" es casi igual de único, con un estribillo que la empuja hacia el extremo de su rango vocal. (En la versión en vivo, incluso toca la guitarra eléctrica).

La familia de Cabello migró hacia Estados Unidos cuando ella tenía seis años, lo cual le da un carácter poéticamente apropiado a su ascenso en nuestra época de Trump. "No me había dado cuenta", dijo hace poco, "de lo prominente que seguía siendo el racismo en nuestro país." Cuando llegó a Miami, no sabía hablar inglés -y además era tímida- así que hacía lo que podía para hacer amigos nuevos poniendo canciones de pop en una boombox. "Esa era mi forma de comunicarme", recuerda. "Mi abuela siempre decía que yo tenía un gran mundo interior."

Está grabando y girando sin parar desde los 15 años, cuando apareció en X Factor -contra los deseos de sus padres, aunque terminaron llevándola en auto a la prueba- inspirada por un video de YouTube de One Direction que daba consejos para cantar en público (Cowell también formó ese grupo, en la versión británica del programa). Luego vino el éxito, pero en el camino, algo salió definitivamente mal con Fifth Harmony. Resultó claro, para el mundo exterior, cuando Cabello saltó el protocolo del pop y empezó a sacar temas solistas, incluyendo su exitoso dueto con Machine Gun Kelly, "Bad Things", antes de haber dejado oficialmente el grupo. Pero Cabello, que empezó a componer sus propias canciones a los 16 años, no está lista para contar toda la verdad de lo que ocurrió, y se escuda en su aversión al drama mediático y su necesidad de no decepcionar a los fans. Ni siquiera quiere aclarar si ella renunció o la echaron. "Muchos de mis fans eran, o son, fans del grupo", dice, abandonando su entusiasmo habitual, cuando la conversación pasa por su tema menos preferido. "No quiero arruinar el sueño. Ellos creían en algo que es hermoso. Estoy seguro de que con la separación de One Direction pasó lo mismo, nadie veía el detrás de escena. Sólo ves el sueño."

Camila está creciendo y transformándose tan rápido que le cambió el título y la onda a su primer disco, editado el 12 de enero, mientras lo hacía. Originalmente le había puesto el melodramático The Hurting, the Healing, the Living, y adelantó un tema bajón llamado "I Have Questions" que hacía juego con el título. Las letras podrían tratarse sobre la ruptura de una relación o, bueno, el caótico fin de, digamos, un grupo vocal de cinco chicas: "Te di todo de mí", cantaba. "Mi sangre, mi sudor, mi corazón y mis lágrimas."

Pero eso fue hace mucho tiempo, en mayo del 2017. El disco ahora se llama Camila, y es mucho más alegre que lo que había planificado al principio. "Al principio pensé que iba a ser un disco de canciones tristes", dice. "Después, a medida que avanzaba el año, todo estaba mejor. Me sentía más feliz. Siento que tiene un buen equilibrio entre la Camila emo y la Camila feliz."

El 2018 estará repleto de promociones y giras. Pero Cabello quiere asegurarse de que no se pierde la vida real en el camino. "La manera en la que vengo trabajando", dice, "hace difíciles las relaciones, las amistades, incluso la salud."

La falta da tiempo puede ser una razón por la que nunca tuvo una relación seria. Más allá de eso, "siempre me gustó alguien". "Así soy yo. Es aburrido sin eso. ¡Las chicas tienen que soñar!"

Cuando grababa las canciones para su disco en Los Angeles el año pasado, se sentía perdida, aislada. "Me gusta olvidarme de que soy cantante o una persona famosa", dice, pero no podía sacarse eso de encima. "En Los Angeles era difícil que la gente me viera como una chica de veinte. Era como si no tuviera una vida real fuera del estudio."

Siempre se imagina siendo "super vieja" y recordando su vida, razón por la cual muchos de sus sueños no tienen nada que ver con la música. "Quiero poder ir a Italia, vivir en España un par de años", dice. "Quiero ir a Nueva York y tener mi departamento, y quiero enamorarme." Hoy va a hacer meet & greets con fans (todavía con migas rojas de Taki en sus dedos), entrevistas radiales y va a cantar ante un estadio lleno de adolescentes gritando. Pero también se puede imaginar otra existencia. "Realmente quiero vivir", dice. "Hay días en los que quiero ser sólo una chica."