Fuente: AFP

A contramano de la obsesión republicana por el déficit, propuso incrementar el presupuesto del Pentágono Rafael Mathus Ruiz SEGUIR 0 13 de febrero de 2018

WASHINGTON.- Para Estados Unidos, la era de la disciplina fiscal ha terminado. De la mano de Donald Trump , sus recortes de impuestos y su promesa de "reconstruir" las fuerzas armadas con un aumento del gasto militar, la primera potencia global sumará más de US$7 billones a su deuda durante la próxima década.

La Casa Blanca envió ayer al Congreso el presupuesto para el año fiscal 2019, que entierra la obsesión de los republicanos por bajar el déficit al ampliar el rojo a US$984.000 millones, equivalente al 4,7% del PBI. Hacia el final de la década, el último presupuesto de Trump comienza a cerrar la brecha, pero igual deja un pozo que más que duplica los déficits previstos en el plan que propuso hace menos de un año.

En su proyecto, el presidente pide 716.000 millones para el Pentágono, un 13% más que en 2017.

El carnaval fiscal creado por los republicanos surge del hueco que dejarán en las arcas los recortes de impuestos firmados por Trump a fines del año pasado, sumado a un aumento del presupuesto del Pentágono y el gasto en seguridad nacional. A contramano de sus promesas de campaña, Trump también propuso recortes en programas sociales como Medicare, que financia el gasto de salud de ancianos y familias de menores ingresos, o los cupones de asistencia alimentaria, food stamps.

"Vamos a tener el ejército más fuerte que hayamos tenido hasta ahora", prometió el presidente, ayer, al presentar -otra vez- su plan de infraestructura.

"Estamos aumentando los arsenales de virtualmente todas las armas. Estamos modernizando y creando toda una nueva fuerza nuclear. Y francamente tenemos que hacerlo, porque otros lo están haciendo. Si paran, nosotros paramos. Pero no van a parar. Entonces, si no van a parar, vamos a estar tan por delante de todos los demás en materia nuclear como nunca antes han visto", continuó. "Espero que paren. Y si lo hacen, paramos en dos minutos. Y, francamente, me gustaría deshacerme de muchas de ellas. Y si quieren hacer eso, les seguiremos la corriente. No marcaremos el camino; iremos con la corriente", cerró.

El presupuesto incluye también un pedido de 1600 millones de dólares para la construcción de casi 105 kilómetros de muro en la frontera con México, parte de los US$18.000 millones previstos para costear la principal promesa de campaña del magnate, además de la contratación de 2000 agentes nuevos para el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), a cargo de los arrestos de inmigrantes indocumentados.

La propuesta oficial no tiene posibilidades de prosperar en el Congreso tal como fue redactada por la Casa Blanca, pero ofrece la más clara señal sobre el rumbo que seguirá la política fiscal, por lo menos mientras Trump y los republicanos controlen el gobierno federal. El presupuesto fue criticado por los "halcones fiscales", espantados por el impacto sobre la deuda, y por los demócratas, defensores a ultranza del gasto social.

"Mientras las corporaciones cosechan miles de millones en recortes de impuestos, los estadounidenses muy mayores, que al menos sabían que si se enfermaban serían atendidos, ahora tienen que preocuparse. Muchos otros, incluidos chicos y familias trabajadoras, también se verán afectados", dijo el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer.

Dentro del oficialismo hubo "fuego amigo" del centro a los extremos. El senador Jeff Flake lamentó que, ahora, el Partido Republicano "es el partido de Trump". Y en la Cámara baja los congresistas vinculados con el movimiento ultraconservador Tea Party, los más radicalizados, que llegaron a Washington con la obsesión de controlar el gasto público, pusieron el grito en el cielo.

"El contribuyente estadounidense perdió", dijo, categórico, el congresista republicano Mark Meadows.

Por: Rafael Mathus Ruiz

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