Puigdemont lleva 120 días refugiado en Bruselas, desde donde pretende gobernar "a distancia", algo que la legislación no contempla Fuente: Archivo

Silvia Pisani SEGUIR 0 13 de febrero de 2018 • 10:35

MADRID.- Con sus negociaciones secretas encalladas, los partidos independentistas se han mostrado incapaces de llegar a un acuerdo, que hace que Cataluña lleve quince días sin gobierno propio y sometida al mandado de la autoridad central de Mariano Rajoy.

El principal problema sigue siendo qué hacer con el prófugo ex presidente Carles Puigdemont , que lleva ya 120 días refugiado en Bruselas. Desde allí pretende gobernar "a distancia", algo que la legislación no contempla.

Junts per Cataluña (JxCAT), su partido, lo respalda y llegó a presentar un proyecto de ley para modificar la ley presidencial, hecho "a medida de Puigdemont", de modo de facilitarle la investidura por Skype.

Pero Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), el otro gran partido catalán, resiste. Por lo bajo, su argumento es la resistencia a volver a adoptar cualquier curso que implique responsabilidades penales o judiciales.

La salida es incierta. "Empieza a verse un cansancio de todo esto", sostuvo Joaquín Estefanía, analista político español.

"¿Hasta cuándo piensan seguir con esta situación? Imposible saberlo", dijo a LA NACION el profesor Jordi Mattas Escola, catedrático de Derecho de la Universidad de Barcelona.

La presión recae sobre el nuevo presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC). Los letrados del cuerpo han dejado en sus manos el desbloqueo de la situación.

Los partidos "constitucionalistas" lo empujan a que lo haga ya, pero el joven legislador, hasta ahora, resiste ser quien ponga final a la, hasta ahora, "única candidatura" de Puigdemont y busque otro nombre alternativo.

De hecho, varios nombres han sonado. Pero ninguno se anima a dar el paso. "Es muy difícil hacerlo porque nadie quiere ser visto como el traidor que desplazó a Puigdemont", opinó Mattas Escola.

Incapaces de romper el bloqueo, los independentistas llegaron a pergeñar la idea de una "presidencia real" en Barcelona -se mencionaron varios nombres para ocuparla- y otra "simbólica", de Puigdemont, en Bruselas.

Pero la idea también se empantanó. ¿El motivo? Puigdemont quería tutelaje efectivo sobre el gobierno "operativo" y ERC lo rechazó.

"Hagan algo"

Mientras la presión sube para que Torrent, como presidente del Parlamento, "haga algo" con este bloqueo endemoniado, Puigdemont sigue con su vida en Bélgica. Ahora, con su nueva residencia en Waterloo, cerca del escenario donde, hace dos siglos, Napoleón vio naufragar su sueño imperial.

Tanto se han acostumbrado los belgas al personaje del catalán que hasta lo incorporaron en una de sus carrozas de carnaval.

Ocurrió en la ciudad flamenca de Alost, donde un doble exacto del destituido "president" encabezó una de las carrozas que desfilaron ante 80.000 personas en fiesta.

Los carnavales belgas no han perdonado a Puigdemont.De esta guisa han retratado los lugareños de Alost al vecino más célebre de Waterloo, en comparsa con Trump, Kim Jong-un, políticos locales y miembros de la corte belga.Ay… cuando se enteren en Cádiz. pic.twitter.com/XIfK0SQncc&- Javier Albisu (@javieralbisu) February 12, 2018

En las elecciones del pasado 27 de diciembre los partidos independentistas ERC y JxCAT obtuvieron mayoría propia en el parlamento catalán. Sin embargo, hasta ahora han sido incapaces de investir un presidente.

Puigdemont, que exige ser investido, no regresa a España para rehuir a la Justicia que lo busca por varios delitos vinculados con la fallida independencia unilateral de Cataluña, que promovió en su breve gobierno.

De acuerdo con la intervención que opera en la región, mientras no haya gobierno autonómico, es el presidente Rajoy quien manda en Cataluña. Una tutela que, paradójicamente, los independentistas aseguran querer terminar.

Por: Silvia Pisani

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