Tras la renuncia de dos altos funcionarios, el presidente afirmó que se está destruyendo la carrera de profesionales por "una simple acusación" sin el "debido proceso"; Kelly, en la mira Fuente: AP

Rafael Mathus Ruiz SEGUIR 0 12 de febrero de 2018

WASHINGTON.- Con su gobierno envuelto en otro escándalo por la renuncia de dos colaboradores acusados de violencia doméstica, Donald Trump volvió a navegar contra la corriente al parecer respaldar a los dos hombres, en lo que muchos leyeron como un rechazo tácito al movimiento #MeToo, punta de lanza de la lucha contra los abusos a mujeres.

Rob Porter, que controlaba el flujo de documentos que llegaban al escritorio del Salón Oval de la Casa Blanca, fue acusado por sus dos exesposas -una de ellas divulgó una foto donde aparece con un ojo morado- de haberlas golpeado y maltratado. La exesposa de David Sorensen, que escribía discursos para Trump, lo acusó de pisarle un pie con el auto, apagar un cigarrillo en su mano, arrojarla contra una pared y tirarle el pelo violentamente mientras estaban en un barco, un incidente en el cual, dijo, temió por su vida.

Ambos colaboradores renunciaron, pero el manejo de la crisis por parte de la Casa Blanca fue desprolijo y confuso, a tal punto que uno de los voceros de Trump reconoció que podrían haberlo "manejado mejor" -una rara admisión para este gobierno-, y todo el escándalo dejó debilitado al jefe de gabinete, John Kelly, de quien varios medios aseguraron que llegó a ofrecer su renuncia.

Ambas salidas extendieron el éxodo de funcionarios que acompañó a Trump desde que llegó a la Casa Blanca, aunque tuvieron un distintivo inédito hasta ahora: fue la primera vez que dos empleados se van envueltos en acusaciones de violencia contra mujeres, un flagelo puesto contra las cuerdas por el movimiento #MeToo.

Tras una semana tumultuosa, Trump, luego de haber elogiado a Porter -"Le deseamos lo mejor… hizo un buen trabajo", dijo, apenas se conoció su renuncia-, brindó una muestra de respaldo en Twitter a los hombres.

"Las vidas de personas están siendo destrozadas y destruidas por una simple acusación", dijo el mandatario, al inicio de su mensaje. "Algunos son verdaderos y otros son falsos. Algunos son viejos y otros son nuevos. No hay recuperación para alguien acusado falsamente: la vida y la carrera están terminadas. ¿Ya no existe el debido proceso?", cerró el mandatario.

La reacción de Trump, quien nunca se solidarizó con las víctimas, marcó un fuerte contraste con otras figuras del arco político, incluido su vicepresidente, Mike Pence, quien desde Corea del Sur, adonde viajó para participar de la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, dijo, sin medias tintas: "No existe tolerancia en esta Casa Blanca, o en ningún lugar de Estados Unidos, para el abuso doméstico".

Una de las exesposas de Porter, Jennie Willoughby, fustigó la reacción del presidente en una columna en la revista Time.

"Todo el mundo quiere hablar sobre cómo Trump insinuó que no debo ser tomada en serio. Como si Trump fuera el modelo de simpatía y perdón. Como si reconociera sus propios defectos y mostrara empatía y preocupación por los demás. Lo perdono. Afortunadamente, mi fuerza y valor no dependen de la creencia externa: la verdad existe, así el presidente la acepte o no", escribió.

La reacción de Trump ensanchó un poco más la grieta que divide al oficialismo de las mujeres, devenidas en uno de los principales grupos opositores de la Casa Blanca. En el pasado, Trump defendió a hombres cercanos o de su mismo bando acusados de acoso o abuso. Solo fustigó con la misma energía a sus opositores, como, por ejemplo, Bill Clinton, o el renunciado senador demócrata, Al Franken.

Trump fue acusado por un total de 19 mujeres de abuso o acoso sexual. El presidente y su equipo siempre negaron todas las denuncias. Una de ellas, Rachel Crooks, anunció esta semana que se postulará para una banca en la Legislatura de Ohio.

"El presidente demostró a través de palabras y acciones que no valora a las mujeres. No es sorprendente que él no les crea a los sobrevivientes ni entienda la conversación nacional que está sucediendo", disparó, también en Twitter, la senadora demócrata Kirsten Gillibrand, una potencial rival en 2020.

Colaboradores golpeados por escándalos

Rob Porter, exasesor de la Casa Blanca

Porter, de 40 años, dimitió el miércoles pasado como secretario personal de la Casa Blanca tras ser acusado de maltrato por sus dos exmujeres, Colbie Holderness y Jennifer Willoughby. Ambas lo acusan de haber abusado física y psicológicamente de ellas durante años, algo que él niega. En la Casa Blanca, Porter se encargaba de la agenda y la correspondencia del presidente Donald Trump y trabajaba estrechamente con el jefe de gabinete, John Kelly.

David Sorensen, exredactor de discursos

Sorensen, de 32 años, renunció el viernes a su puesto como redactor de discursos de la Casa Blanca después de que su exmujer, Jessica Corbett, lo acusó de maltrato físico y emocional durante sus dos años y medio de matrimonio. Sorensen, que se divorció de Corbett en septiembre, negó las acusaciones y dijo que él mismo fue víctima de abuso en la relación. Afirmó que renunciaba para que la Casa Blanca "no tenga que lidiar con esta distracción".

John Kelly, jefe de Gabinete

Kelly, de 67 años, fue nombrado en julio del año pasado jefe de Gabinete de la Casa Blanca, mano derecha del presidente. Kelly, un general del cuerpo de Marines, quedó salpicado por el caso de Porter, pues varios medios informaron que desde noviembre pasado estaba al tanto de las acusaciones contra el exasesor. Sin embargo, la consejera de la Casa Blanca, Kellyanne Conway, desmintió los rumores de renuncia de Kelly y dijo que Trump tiene "plena confianza" en él.

Por: Rafael Mathus Ruiz

temas en esta nota

El Mundo | Donald Trump, presidente de EE.UU. SEGUIR ¿Te gustó esta nota? 0 Comentarios Ver