El legislador quiere ser candidato, la expresidenta mira al Senado y el dirigente del PSDB confía en Huck 0 8 de febrero de 2018

RÍO DE JANEIRO (De nuestro corresponsal).- Como si la presencia -o ausencia- de Luiz Inacio Lula da Silva en la campaña electoral de este año no fuera suficiente motivo de polémicas, otros tres expresidentes brasileños buscan influir en la contienda abiertamente.

Alejado del Palacio del Planalto en 1992 justo antes de que el Congreso lo condenara por corrupción, el exmandatario Fernando Collor de Mello (Partido Laborista Cristiano, PTC) confirmó oficialmente su intención de lanzarse a la presidencia en octubre. El ahora senador -luego de ser obligado a alejarse de la política por ocho años, en 2007 ganó una banca- dijo que lo motiva una "misión" por el país.

"Necesitamos equilibrio y madurez. Un centro progresista y liberal al que no se le peguen los rótulos de derecha o izquierda. Una candidatura con comprobada capacidad, liberal en lo económico e incluso en lo social", dijo Collor de Mello, que fue condenado por el Parlamento y luego, en 1994 y en 2014, absuelto por el Supremo Tribunal Federal de todos los cargos que motivaron su juicio político.

Sin voluntad de volver a ser candidato, pero con el deseo de no perder protagonismo, el expresidente Fernando Henrique Cardoso (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB) alteró las filas de su propia agrupación -que ya tiene como candidato presidencial al gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin- al declarar su entusiasmo por una eventual candidatura del popular presentador televisivo Luciano Huck.

"Me gusta [Huck], soy amigo suyo y de su familia. Creo que para Brasil sería bueno que se presente, pero no sé qué hará. Sería bueno tener más opciones, no quiere decir que lo esté apoyando", aclaró Cardoso a la radio Jovem Pam.

El conductor del exitoso programa de la TV Globo Caldeirão do Huck ya había descartado en noviembre su candidatura, pero con la cada vez más posible salida de Lula de la contienda, su nombre vuelve a sonar con insistencia como una alternativa de centro que recibiría una masiva cantidad de votos.

Quien no se da por vencida ante las escasas chances que tiene Lula de volver al Palacio del Planalto es su ahijada política, la expresidenta Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores, PT), destituida por el Congreso en 2016 a través de un impeachment por manipulación de las cuentas públicas. Dilma acompaña a su padrino a cada evento que puede; estuvo a su lado tras la ratificación de la condena contra el exmandatario por la corte de apelaciones de Porto Alegre, y repite el mantra petista de que "una elección sin Lula es fraude".

Con su renovado perfil político en los mítines pro Lula, ya hay dirigentes del PT que comenzaron a pergeñar planes para que Dilma sea candidata al Senado. Ella, por ahora, no rechaza la idea.

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