El Parlamento regional aplazó sin fecha la sesión para designar como presidente a Puigdemont, que se quedó en Bélgica; los separatistas dejaron al descubierto sus divisiones Silvia Pisani SEGUIR 0 31 de enero de 2018

Los manifestantes independentistas aguardaron ayer en vano frente al Parlamento el nombramiento de Puigdemont Crédito: Pau Barrena/AFP

MADRID.- "¡Traidores!", gritó de nuevo la gente alrededor del Parlamento de Cataluña. Nada salió como se esperaba. El fugado expresidente Carles Puigdemont decidió quedarse en su refugio de Bruselas y, ante esa evidencia, el Parlamento regional, que debía votar su investidura, optó por aplazar el decisivo trámite. Pero sin fecha fija.

Así, a caballo de la escalada independentista y de su irresuelto desenlace, Cataluña sigue sin gobierno propio y en compás de espera de no se sabe bien qué. Ni hasta cuándo.

Lo ocurrido fue una bocanada de oxígeno para el gobierno central de Mariano Rajoy, que zafó de un nuevo choque frontal con las instituciones catalanas. Fue, también, un retroceso para las apetencias del independentista Puigdemont, que deseaba precisamente lo contrario (ver aparte).

El gran protagonista de la jornada fue el flamante presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent. Más allá de su retórica encendida, el joven legislador decidió postergar sin fecha fija la votación de Puigdemont como presidente.

La decisión, que evitó un choque con el Estado nacional, generó malestar entre las diferentes vertientes independentistas, que evidenciaron una fractura creciente.

"Es una decisión que no nos han consultado y que no creemos adecuada. Están dadas las condiciones y garantías para deliberar", protestó Elsa Artadi, de Junts per Catalunya (JxCAT), el partido político de Puigdemont.

"Yo felicito al presidente Torrent por haber defendido el derecho de todos los diputados elegidos democráticamente. Gracias por tu compromiso con la recuperación de las instituciones", aplaudió, desde la cárcel, el exvicepresidente Oriol Junqueras, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Las dos expresiones mayoritarias del independentismo quedaban, así, en veredas enfrentadas. Era evidente que JxCAT quería ir al choque con la votación de Puigdemont y que ERC ya no está tan convencida de que ese sea el camino.

La decisión de Torrent, que milita en ERC, escenificó esa fractura como ningún otro elemento. No está claro cómo volverá a coserse esa división.

Puigdemont, alrededor de cuya figura giró la jornada, estuvo callado todo el día. Solo habló por la noche, siempre desde su refugio de Bruselas, para asegurar que él es el "único candidato posible" y que no hay otra opción. "Mis intenciones permanecen intactas", afirmó el expresidente catalán.

El escenario es un laberinto. Los independentistas son los únicos que, hasta ahora, tienen mayoría propia para formar gobierno en el Parlamento.

El problema es que, hasta ahora, insistían en que el postulante sea Puigdemont, removido del cargo en octubre pasado por el gobierno nacional, luego de su fallida declaración unilateral de independencia. Desde entonces huyó a Bruselas para escapar de la Justicia, que lo busca por varios delitos.

El Tribunal Constitucional español (TC) dispuso que el president no puede ser investido en ausencia. En el caso específico de Puigdemont, dispuso que necesita una "autorización especial" del Tribunal Supremo español que evitaría su detención apenas ingrese en el país.

Cataluña sigue así en un limbo jurídico. No están claros los próximos pasos. Por lo pronto, está vigente la intervención del gobierno nacional sobre la región.

Lo ocurrido desencadenó protestas tanto dentro del Parlamento como en sus alrededores.

Cinco diputados de la antisistema Convocatoria de Unidad Popular (CUP) ocuparon sus bancas con el puño en alto. "Esto es una traición", dijeron.

Cientos de personas manifestaron en los alrededores del Parlamento y hubo momentos de tensión con los Mossos d'Esquadra, la policía regional, que mostró sus porras, pero no llegó a usarlas. Varios legisladores tuvieron que ser escoltados por la policía para poder salir del edificio sin riesgo.

"No nos vamos", clamaron los más combativos. Pero todavía el frío de la jornada invernal no había empezado a apretar.

La tensión también se hizo evidente en el llamado "bloque constitucionalista". El Partido Popular (PP), que gobierna en España, pero es muy débil en Cataluña, y Ciudadanos, la fuerza más votada, no fueron capaces de presentar un discurso unificado ante la tensa jornada.

Por: Silvia Pisani ADEMÁS

La ilusión perdida de gobernar desde Bruselas

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