Todas las potencias están en un proceso de crecimiento, algo que no se registraba desde la debacle financiera de 2008; inquietud por una guerra comercial Peter S. Goodman SEGUIR 0 28 de enero de 2018

LONDRES.- Una década después de que el mundo se hundiera en una devastadora crisis económica, finalmente se alcanzó un indicador clave para medir la recuperación. Todas las grandes economías del mundo están en expansión al mismo tiempo, una ola sincrónica que está creando empleos, generando fortunas y aplacando los temores de agitación popular.

No hay una explicación transparente y abarcadora de cómo hizo el mundo para escapar finalmente de la recesión global. En Estados Unidos, la economía fue impulsada por el enorme gasto público del gobierno anterior, sumado a los recientes 1,5 billones de dólares en rebajas de impuestos, y Europa finalmente siente los efectos del dinero barato que bombea el Banco Central Europeo.

En términos generales, la actual mejora no se debe al hallazgo de una nueva fuente de riquezas, sino más bien al simple hecho de que las fuerzas negativas que coartaban el crecimiento finalmente agotaron su potencia destructiva.

Muchos economistas creen que los beneficios del actual crecimiento solo alcanzarán a la clase alta, con formación y conexiones políticas, que ya se alzó con el botín en numerosos países, dejando tras de sí a una clase trabajadora cuyos salarios están estancados por más que desciendan los índices de desocupación.

Así y todo, el hecho de que las mayores economías del mundo estén en expansión es motivo de optimismo. Nada garantiza que el actual crecimiento vaya a ser más equitativo. Pero un escenario de crecimiento que impulse los salarios y ofrezca seguridad a las clases medias debería empezar más o menos con una situación como la actual.

"El mundo depende cada vez menos del rendimiento de sus jugadores estrella", dice Barret Kupelian, alto economista de la filial londinense de PwC, una consultora y administradora global. "Como el crecimiento global está más repartido, es más sustentable frente a cualquier mala noticia económica".

Estados Unidos, la mayor economía del mundo, ingresó en su noveno año consecutivo de crecimiento: debido a la rebaja de los impuestos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) modificó a la suba sus expectativas de crecimiento para ese país, del 2,3 al 2,7% para el año en curso.

También disminuyeron los temores a un freno abrupto en la larga trayectoria de crecimiento de China. Europa, que hasta hace poco estaba sumida en la anemia y la disfuncionalidad política, emergió a la cabeza del crecimiento global. Hasta Japón, sinónimo de estancamiento, empezó a crecer.

El alza del precio del crudo impulsa la recuperación de Rusia y los productores de Medio Oriente, y, hasta ahora, México logró ahuyentar los temores de que la incendiaria retórica comercial del gobierno de Donald Trump dañaría su economía. Brasil todavía sufre los efectos de una verdadera depresión, pero con algunas chispas de recuperación.

Las amenazas de mutua aniquilación nuclear que intercambiaron el presidente norteamericano y el líder norcoreano, Kim Jong-un, sembraron temores. Por su parte, Gran Bretaña tiene pendiente el Brexit, que si se concretara sin un acuerdo previo podría someter a la Unión Europea a una profunda incertidumbre, sobre todo en lo referido a los intercambios financieros.

Y las intermitentes promesas de Trump de dar por terminado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de desatar una guerra comercial con China tampoco ayudan a encarrilar el crecimiento mundial.

Preocupación

"Solíamos operar sobre la base de la idea de que los mercados occidentales eran políticamente estables, y aceptábamos que los fronterizos eran mercados de riesgo", dice Martin Scheepbouwer, director ejecutivo del Grupo OLX, que opera plataformas de clasificados web en 41 países. "Actualmente, con el Brexit en Europa y Trump en Estados Unidos, la sombra de inestabilidad que se cierne sobre la economía es de un nivel completamente nuevo. Y eso es preocupante".

Se espera que este año y el siguiente la economía del mundo crezca un 3,9%, frente al 3,7% del año pasado y al 3,2% de 2016, según el FMI. Eso es positivo, pero no hay que olvidar que en los años previos a la crisis, el crecimiento global solía ubicarse arriba del 4%.

Esta semana, el Foro Económico Mundial, en Davos, divulgó una evaluación de factores de riesgo donde el 93% de los 1000 expertos consultados habló de un aumento de la amenaza de enfrentamientos políticos y económicos. Un 79% de los encuestados teme un incremento de las probabilidades de un conflicto militar y un 73% anticipó el riesgo de una mayor erosión de las reglas de intercambio comercial internacional.

El informe también advierte sobre la creciente desigualdad económica, sobre el auge de las ciberamenazas y un aumento de la incidencia del clima extremo.

"Muchos de esos riesgos son cada vez más sistémicos", dice Margareta Drzeniek Hanouz, economista del Foro Económico Mundial, y agrega que ahora amenazan con tener "consecuencias catastróficas para la humanidad y para la economía".

La crisis mundial comenzó hace más de una década con el calamitoso estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, que desencadenó el colapso global de los así llamados "derivados" financieros.

Mientras la hora de la verdad se extendía desde Estados Unidos y Europa hasta Asia, los precios del crudo se hundieron, con sus efectos sobre Rusia y Medio Oriente. Los productores de soja de Brasil y la Argentina vieron desplomarse sus ventas, al igual que las explotaciones mineras en Australia y en la India, y que los fabricantes de chips de Malasia y Corea del Sur.

Washington articuló inmediatamente medidas de alivio: la Reserva Federal rescató a los bancos y realizó una enorme inyección de créditos en el mercado. Pero Europa prolongó la agonía entre duros reproches sobre quién debía limpiar el desastre.

El despabilamiento de Europa, sumado al crecimiento de Estados Unidos, mantuvieron activa a la economía china para satisfacer la demanda de productos, desde autopartes hasta indumentaria. El aumento de la producción fabril hizo subir el precio de las commodities, lo que a su vez impulsa las ganancias de los productores de cobre de Chile e Indonesia, de las minas de oro de Sudáfrica y de las de plata en Suecia.

El mundo disfruta actualmente de un positivo efecto rebote, en el que la creciente confianza empresaria lleva a contratar más personal, lo que a su vez potencia el consumo. Cuanto más dinero hay en el bolsillo de los consumidores, más razones tienen los empresarios para expandirse.

La preocupación principal reside en Washington, donde el gobierno de Trump tiene por costumbre prometer castigos a México y a China por su desequilibrio en la balanza comercial con Estados Unidos. De ponerse en práctica, esos castigos harían aumentar el costo de los componentes que usan las fábricas norteamericanas. Y como una señal de que no son solo palabras, la semana pasada el gobierno de Trump les impuso tarifas proteccionistas a las importaciones de paneles solares y lavarropas.

"La verdadera preocupación es que se desate una guerra comercial", dice Ban May, economista de Oxford Economics, de Londres. "Su impacto sería muy grave".

Traducción de Jaime Arrambide

Por: Peter S. Goodman

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