Las víctimas de la familia Turpin Fuente: Archivo

0 27 de enero de 2018 • 22:42

LOS ANGELES.- A medida que se conocen más detalles de lo sucedido en los últimos años en la llamada "Casa del horror", de California , se confirma que David Turpin de 56 años y su esposa Louise, de 49, posiblemente pasarán el resto de sus vidas tras las rejas y difícilmente vuelvan a tener contacto con sus 13 hijos.

Pero los especialistas debaten ahora de qué manera promover la rehabilitación psicológica y social de los hermanos de entre 2 y 29 años que hasta que finalizó su calvario hace dos semanas vivían encadenados y sometidos a condiciones inhumanas de alimentación e higiene.

Los chicos que actualmente están recibiendo nutrientes, vitaminas y antibióticos en el centro médico regional Corona (los siete que son mayores de edad) y en el centro médico Riverside University Health System (los seis menores), se muestran aturdidos, pálidos, y algunos parecen tener problemas cognitivos e incluso daños neurológicos.

Aunque los siete mayores son técnicamente adultos, su estado físico es frágil y su talla tan pequeña, que los policías que los liberaron el domingo 14 pensaron inicialmente que todos eran menores de edad. El grado de socialización de algunos de ellos es tan mínimo que desconocen conceptos básicos como la existencia de fuerzas policiales o la palabra "medicamentos". La recuperación y la integración en la sociedad puede ser entonces un proceso largo y complejo.

Los expertos en trauma tienen diferentes opiniones sobre el tratamiento a seguir. ¿Es mejor mantener a los 13 hermanos juntos o separarlos? ¿Es bueno mostrarse cariñosos con ellos o es preferible la distancia física? ¿Están en condiciones de procesar experiencias gratificantes o conviene una transición lenta?

Susan Curtiss, profesora de lingüística de la Universidad de California , Los Ángeles, que trabajó estrechamente con otros niños maltratados, dijo al diario The Guardian que los hermanos necesitaban amor y apoyo incondicional y que se los mantuviera unidos.

"Están saliendo de su propio mundo horrible a un mundo del que no saben nada. Lo único conocido para ellos ahora es el uno al otro. Esa es hoy la única certeza, más allá de sus padres. Y no se los debe privar de ella".

Curtiss recomendó también que el equipo de cuidadores que esté en contacto con ellos sea pequeño. "Una sola persona o dos deberían estar allí todo el día todos los días, tocándolos suavemente, con una presencia amable y afectuosa para favorecer su reinserción social".

Sin embargo, la especialista teme que las autoridades no acierten con un tratamiento adecuado, como sucedió en el conocido caso de "Genie", otra sobreviviente de una "casa del horror" también en California, que fue liberada en octubre de 1970 a los 13 años luego de haber permanecido toda su vida atada y sin contacto social. En aquel momento la polémica entre científicos y cuidadores minaron el tratamiento y la pequeña incluso sufrió retrocesos en su socialización.

Curtiss, quien tuvo en su momento contacto personal con "Genie" (un nombre ficticio para proteger su identidad), teme que se puedan repetir los mismos errores de malos diagnósticos, casas de acogida inadecuadas y largos combates burocráticos para los hermanos Turpin . "No tengo confianza en los sistemas gubernamentales. Probablemente habrá un tira y afloje porque este es el tipo de situación que buscan muchos para hacerse famosos y publicar artículos sobre el caso… Y pareciera que eso es lo único que tienen en mente".

Otros expertos reconocieron las dificultades que presenta el caso, pero se mostraron más optimistas.

Nora Baladerian, psicóloga clínica y consejera licenciada de Los Ángeles, dijo que hay varias opciones de tratamiento.

"Muy probablemente estos hermanos no tienen idea de lo que es 'normal'. Es posible que no sepan que uno normalmente no vive encadenado. Va a ser entonces un proceso de largo plazo de acondicionamiento a la 'normalidad'".

Baladerian aconsejó mantener a los hermanos juntos y exponerlos a experiencias positivas como darles la oportunidad de estar frente a bellos paisajes naturales o hacerles escuchar música agradable. "Tienen que sanar la separación de sus padres. Necesitan adquirir autoestima y habilidades para la vida futura. Si sólo se trabaja en el recuerdo de su sufrimiento en lugar de darles un horizonte y ayudarlos a tener esperanzas y sueños para el futuro, no les irá tan bien ".

John Fairbank, codirector del Centro Nacional para el Estrés Traumático Infantil, dijo que antes de decidir si mantenerlos unidos o separados, los cuidadores deberían evaluar cuidadosamente cómo es la relación entre los hermanos. "Quizás alguno puede haber cumplido la función de padre sustituto, o se puede haber formado algún vínculo enfermizo de sometimiento o de agresiones entre ellos".

De todas maneras, se inclinó por mantener a los 13 juntos o cercanos uno del otro. "La preocupación, la culpa y los temores se pueden exacerbar con el 'no saber' y 'no ver' a sus otros hermanos. Dadas las experiencias vividas, hay pocos motivos para que estos chicos confíen en un adulto que les diga que sus hermanos están bien", agregó.

Fairbank, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad Duke, dijo que la investigación, la capacitación y los recursos para la atención de este tipo de traumas habían mejorado considerablemente desde el caso "Genie". Y señaló situaciones de víctimas más recientes de abuso extremo que mostraron progresos en su adaptación.

Recordó por ejemplo el caso de las tres jóvenes víctimas de Ariel Castro, en Cleveland, Ohio, que fueron secuestradas y abusadas entre 9 y 11 años hasta ser liberadas en 2013. Se sabe que ellas pudieron reconstruir sus vidas y relaciones.

Otro caso de rehabilitación exitosa es el de los 15 hijos de Robert Hale, un fanático religioso de Alaska conocido como "Papa pilgrim", que sometió a su familia durante siete años hasta la liberación en 2005. Quienes están en contactos con los hijos afirman que evolucionaron "increíblemente bien" desde que escaparon de la tiranía de su padre.

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