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Ni bien entró al avión, Zannini agachó su cabeza en su asiento y así se lo vio en el inicio del vuelo. Foto: Horacio Córdoba

RIO GALLEGOS.- No hubo un solo insulto. Tampoco se escuchó ningún grito de aliento. Carlos Zannini , uno de los hombres que manejó la Argentina hasta el 9 de diciembre de 2015, esposado y custodiado, subió al avión impregnado en la más profunda indiferencia. Y así viajó las poco menos de tres horas que duró el vuelo desde Río Gallegos a Buenos Aires.

Llegó escoltado y fue directamente a zona de la pista. Afuera, un grupo de militantes de La Cámpora, intentaron tomar contacto con el actual director del Banco de Santa Cruz. Pero no hubo caso, la comitiva policial evitó todo tipo de contacto. La sobrina de Cristina Kirchner, Romina Mercado y la ministra de Salud provincial, y pareja de Máximo Kirchner, Rocío García fueron dos de las que se quedaron con ganas de saludar a su líder.

Mientras, la zona de servicios del aeropuerto era una romería de patrulleros, varias camionetas de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y un móvil para el traslado de detenidos. A las 2.42, Zannini caminó unos metros por la pista. Iba esposado, con un guardia a cada lado que lo llevaban del brazo. Subió por una escalera colocada al lado de la manga y entró al avión.

Ni siquiera a los pasajeros que esperaban abordar el vuelo 1883 de Aerolíneas Argentinas en la sala de embarque se les dio por levantar la vista de sus pantallas para observar la postal de un hombre al que lo abandonó el poder. Apenas un par de curiosos se asomaron. Iba con un pantalón claro, camisa a cuadros y campera azul. Una mujer, que intentaba la foto imposible, contaba que querían la toma para mostrarle al marido. "Él es kirchnerista y yo no. Peleamos mucho", dijo.

Subió primero y lo llevaron a la última fila. Arrinconado en el asiento F se sentó con cinco custodios que lo acompañaron. La línea aérea hizo los deberes para aislarlo, aunque sea de vecinos mirones: bloqueó las dos filas de adelante. Doce butacas reclinadas con las mesas bajas separaban a uno de los hombres más poderosos de la Argentina kirchnerista del resto de los pasajeros.

El Boeing 737 800 matrícula LV GUC se llenó y a las 3.17 partió para el aeropuerto porteño. Lejos de aquellos escraches que alguna vez soportó en un vuelo internacional en el que fue increpado por varios pasajeros, esta vez todos le fueron indiferentes a Zannini. Más aún: la gran mayoría de los ocupantes no sabían que en el fondo de la aeronave viajaba esposado el hombre que estuvo a algo más de dos puntos de ser el actual vicepresidente.

A bordo nadie se le acercó. Ni bien entró, agachó su cabeza en su asiento y así se lo vio en el inicio del vuelo. Luego, cuando la luz del avión se tornó tenue, levantó la cabeza. Permaneció casi todo el viaje con los ojos cerrados y prácticamente no habló.

El viaje del ex secretario Legal y Técnico de la presidencia se preparó con cuidado. El procedimiento fue el mismo que se lleva adelante cada vez que es necesario el traslado de un detenido.

El juez federal Claudio Bonadío fue el que dio la orden de que se lo envíe desde Río Gallegos a Buenos Aires. El magistrado eligió que el viaje se haga en un vuelo de Aerolíneas Argentinas que salía desde la capital de Río Gallegos a las 2.40. El avión se retrasó en Buenos Aires. Un pasajero tuvo que ser atendido por un médico a bordo y finalmente, descendió por prescripción del profesional. La demora en esa salida desencadenó que la vuelta a Buenos Aires también fuera unos minutos más tarde.

La instrucción del plan de traslado se recibió en la empresa aérea: había que llevar al detenido con cinco custodios. Como sucede en estos casos, se siguió el procedimiento que ya está estipulado. La aerolínea y el juzgado deben firmar un documento en el que conste que el detenido no reviste problema para el resto de los pasajeros. Alrededor de las seis de la tarde, se confirmó el traslado.

Así fue la llegada de Zannini a Aeroparque

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Zannini fue detenido en la madrugada de ayer acusado de traición a la patria por haber intervenido en la firma del pacto con Irán. Por la tarde de ayer ya se puso en marcha el operativo de recepción. Sería la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que actuaría según el Protocolo General de Actuación para la Custodia y Traslado de Detenidos. "El detenido deberá ser siempre trasladado con esposas, con las manos ubicadas por detrás de la espalda y un oficial de custodia que deberá sujetarlo de los brazos", dice el procedimiento que se publicó en el Boletín Oficial en 2012. Entonces, Zannini estaba a cargo de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia, y tenía a su cargo la impresión del compendio de normas.

A las 5.55, el avión aterrizó en Buenos Aires. A diferencia de lo que ocurre generalmente con estas aeronaves y con los destinos largos, esta vez el Boeing no se acercó a una manga. Recorrió la pista y se detuvo muy cerca de la zona vieja de la estación, allí donde el edificio hace una J.

Entonces sí, todos se dieron vuelta y miraron hacia atrás. Varios oficiales con los característicos chalecos con la inscripción PFA esperaban el vuelo junto con decenas de efectivos de la PSA. Acercaron una escalera a la puerta trasera, varios subieron y finalmente, lo bajaron. Sin casco y esposado, Zannini y la comitiva de seguridad caminaron por la pista del Aeropuerto hacia la parte de seguridad de la estación. Sólo después de que ya no se pudiera divisar al detenido, se habilitó la salida de todos los pasajeros.

Zannini, en su llegada a Aeroparque
Zannini, en su llegada a Aeroparque. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

"¿Qué miramos?", preguntó un pasajero a su compañero de viaje. "Ni idea, pero no sé por qué bajamos", contestó. Desde el pasillo, con equipaje en mano, otro contestó: "Es Zannini. no lo puedo creer. Pensar que lo vi miles de veces en Gallegos cuando estaba en el poder. Y ahora yo me vengo un fin de semana a comprar a Buenos Aires y este tipo duerme en cana. Increíble". Ni siquiera entonces, cuando varios se enteraron de que aquel hombre del fondo fue el arquitecto legal del kirchnerismo amagaron con vivarlo o a insultarlo.

Fue Martin Luther King el que alguna vez acuñó una frase que bien podría haberse escrito después de este vuelo: "No me duelen los actos de la gente mala, me duelen la indiferencia de la gente buena".

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