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Después de años de esfuerzos de unificación que hasta ahora siempre terminaron siendo fallidos, las dos grandes facciones palestinas -la sustancialmente secular Fatah y la islamista Hamás- acaban de acordar un importante reparto de poder en virtud del cual los segundos entregarán a Fatah, el próximo 1º de diciembre, el control administrativo y la seguridad sobre la Franja de Gaza.

Previamente, las fuerzas del presidente Mahmud Abbas, las de Fatah, asumirán el control de la frontera de Palestina con Egipto, incluyendo el importante Paso de Rafah, cuyo gobierno ha impulsado fuertemente este proceso de reconciliación y alentado la reorganización de Hamás que tuviera lugar el pasado mes de mayo.

Hoy parecería que Egipto es más influyente que Irán respecto de Hamás. Al menos en apariencia. Unos 3.000 policías, dependientes todos de las autoridades de Ramala, comenzarán entonces a ser desplegados progresivamente.

El acuerdo intra-palestino tiene un objetivo político que ha sido definido como el de "poner fin a la ocupación israelí y lograr un Estado Palestino". Por esto, la esperada reacción del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha sido que el referido pacto "hace más difícil logar la paz".

En Gaza viven, sumidos en la escasez y en la pobreza, unos dos millones de seres humanos. Esto es consecuencia de la intransigencia de Hamás y del duro y efectivo bloqueo económico que fuera impuesto por Israel, de manera coordinada con Egipto.

Hamás está hoy en la ruina económica. La organización había contratado a unos 40.000 funcionarios públicos, pero no les podía pagar sueldo alguno. Fatah, al hacerse cargo de Gaza, contratará sólo a unos 5000 de ellos y comenzará a pagar sus respectivos emolumentos.

Recordemos que el movimiento Fatah, liderado por Mahmud Abbas, salió claramente fortalecido de las elecciones municipales realizadas en Cisjordania el pasado mes de mayo, en las que triunfara ampliamente, hasta en los bastiones tradicionales de Hamás, esto es en Hebrón y Al-Bireh.

Para Israel, sin embargo, no hay posibilidad de negociar con autoridades palestinas en las que esté presente Hamás. La razón es bien simple: esa organización, aún considerada como terrorista por los Estados Unidos, se ha negado siempre nada menos que a reconocer al Estado de Israel como tal. Si ello no cambia, la unificación palestina previsiblemente no sacará del inmovilismo al dilatado proceso de paz de Medio Oriente.

Por el momento, el pacto intra-palestino no ha conmovido tampoco a los actores externos vinculados a esa crisis. A punto tal, que la EUBAM, que es la misión de apoyo de la Unión Europea que supervisara la frontera con Egipto en el propio Paso de Rafah, no regresará por el momento a sus funciones, las que fueran abandonadas cuando, en el 2007, Hamás tomara por la fuerza el control de Gaza.

La Franja de Gaza, recordemos, ha sido ya escenario de tres enfrentamientos armados devastadores, en 2008-2009, 2012 y 2014. La posibilidad de un eventual nuevo enfrentamiento es particularmente inquietante. Pero no parece inminente.

Ocurre que ahora el islamismo duro puede, de pronto, transformarse en un intransigente y peligroso nuevo actor, alejando las posibilidades de alcanzar un acuerdo de paz y sumiendo a la Franja en la violencia. Eso preocupa mucho, tanto al gobierno de Egipto -duramente enfrentado a las milicias islámicas que pululan en el desierto de Sinaí, asolándolo- como a las autoridades israelíes que aparentemente no están demasiado apuradas en volver a la mesa de negociaciones. Ocurre que Medio Oriente, que hoy tiene otras urgencias y preocupaciones graves, está postergando, sino dejando por un momento de lado, las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos.

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