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Uno es hin Rosembergcha de San Lorenzo, le apasiona tocar el saxo y llegó a lo más alto que puede aspirar un economista: ser ministro, aunque sea por unas pocas semanas. El otro "es" (y trabaja en) Boca Juniors, se recibió de abogado a los 37 años y combina los negocios privados con una discreta pero innegable influencia en los tribunales de Comodoro Py.

Jesús Rodríguez y Daniel "el Tano" Angelici, el auditor general de la Nación y el presidente de Boca, pertenecen a culturas políticas distintas, más allá de estar unidos por un pasado de pertenencia-cuando menos en sus inicios- al radicalismo de la Capital (uno en Caballito, otro en Lugano) y al liderazgo de Raúl Alfonsín en la década del ochenta. Y más allá de las notables diferencias de estilo-y también de fondo, por qué no decirlo-, Rodríguez y Angelici están unidos, por estas horas, en torno a un objetivo común: "recuperar" al radicalismo porteño, hoy en manos del sector que responde a otro viejo conocido de ambos, Enrique "Coti" Nosiglia, y que tuvo en las elecciones pasadas un gesto de rebeldía hacia Cambiemos, impulsando la candidatura a diputado de Martín Lousteau.

El objetivo de los conjurados es coincidente con el de la Casa Rosada. Como afirmó por lo bajo un altísimo funcionario nacional, se busca la "rendición incondicional" del ex embajador en Washington, a quien ni el presidente Mauricio Macri ni-sobre todo-el jefe de gabinete Marcos Peña le perdonan haber renunciado a su puesto diplomático e insistido con su candidatura a pesar de las recomendaciones de lo más alto del poder.

Atrás, muy atrás, parecen haber quedado aquellas sonrisas compartidas entre Peña y Lousteau mientras recorrían el segundo piso de la entonces flamante sede del gobierno porteño. Corría fines de noviembre de 2015 y el ex ministro de Economía de Cristina Kirchner se iba de allí con la promesa de un destino venturoso en la capital política del mundo. "Puede ser que Mauricio esté enojado o no. Pero el que seguro está enojado es Marcos", dicen en los pasillos de la Casa Rosada. Otro de los dirigentes "top" que aceleró el operativo demolición es Horacio Rodríguez Larreta, que se opuso a dejar competir a Lousteau en una elección interna y hoy trabaja-a través de dirigentes cercanos, entre ellos el propio "Tano"-para una UCR porteña alineada con la Nación. "Decime, ¿ quien estuvo más cerca de complicarnos todo el proyecto político? Lousteau en 2015, si le ganaba a Horacio se nos caía todo", confiesa uno de los ministros más importantes del gobierno porteño a modo de explicación.

Alejado de Macri y Pro desde que desairaron a Lousteau, "Coti" sostiene a la dirigencia de la UCR capital, que el 19 de noviembre iba a revalidar títulos en las elecciones internas. "Con Macri no se puede hablar, te trata como un patrón a su empleado", lo escucharon quejarse al eterno operador radical.

Facundo Suárez Lastra, otro de los radicales en Cambiemos y diputado nacional electo, presentó ante la justicia una cautelar porque los leales a Nosiglia le cancelaron la afiliación. Resultado: elecciones internas suspendidas, y más suspenso. Por ahora, todo sigue igual, con los recelos de ambos lados intactos.

"No somos tontos, sabemos que no somos los importantes. El Gobierno y sus aliados van por Lousteau", afirma el legislador porteño Hernán Rossi, cercano a Nosiglia y el actual titular de la UCR porteña, Emiliano Yacobitti, que sostuvieron la postulación de Lousteau. Para Rossi, "en la elección no nos fue como hubiéramos querido, pero no nos mataron. Estamos vivos", afirmó.

El 11 por ciento de los votos (lejos, muy lejos, del 51 obtenido por la lista encabezada por Elisa Carrió) y las dos bancas de diputados nacionales obtenidas es, para los sostenes de Lousteau, un "piso" para el futuro, y dicen estar lejos de rendirse. Para el Gobierno, y también para Rodríguez Larreta, ese espacio no está ya en condiciones de exigir nada. "Las elecciones legislativas demostraron que nuestro camino era el correcto, y lo equivocados que estaban quienes eligieron otro camino", afirmaron cerca de Rodríguez, una de las "cabezas" que pensaron la alianza de la UCR nacional con Macri, a inicios de 2015.

Silencioso desde aquella noche del 22, el también diputado nacional electo Lousteau medita su futuro. Mientras tanto, amigos y adversarios se disputan el destino de la UCR porteña, el lugar dónde Rodríguez y Angelici comenzaron a hacer política, hace más de tres décadas. Como dice aquel tango de Enrique Cadícamo, "siempre se vuelve a la casita de los viejos".

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