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CARACAS.- "Henry Ramos Allup logró lo que ni Chávez pudo: fracturar irreversiblemente a la MUD. Aun si guardaran las apariencias, es obvia la ruptura." El politólogo Ángel Álvarez resume el terremoto desatado dentro de la Mesa Unidad Democrática, que sitúa a Nicolás Maduro en la mejor rampa de lanzamiento posible para ganar las presidenciales de 2018. La peor crisis del antichavismo en casi 19 años de revolución.

"Esta obra se llama implosión, y estaba cantada", subraya Luis Vicente León, presidente de Datanálisis. "Chavismo para un lustro, salvo evento impredecible", vaticina el analista Piero Trepiccione, vinculado con el think tank de los jesuitas.

Las constantes estrategias del oficialismo en contra de la MUD obtuvieron lo que buscaban, beneficiándose también del personalismo de líderes como Henry Ramos Allup, presidente de Acción Democrática (AD), principal intérprete de la vieja política local y hoy en la encrucijada.

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En los mentideros políticos de Caracas nadie ha creído la "autoexpulsión" de los cuatro gobernadores de AD y el castigo que Allup asegura haber emprendido: en el seno del partido socialdemócrata no se da un solo paso sin el conocimiento y la aprobación del líder "adeco". Mientras las sanciones eran comunicadas, tres de los cuatro nuevos gobernadores estrechaban la mano del presidente bolivariano entre risas y chanzas.

"(El oficialismo) movió los hilos para llevar a la Unidad a esto. Cosa que, por cierto, no era tan difícil. El problema no es AD u otro partido, el problema es cómo el bloque democrático concibe la lucha: el microjuego por encima de lo macro", destaca Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.

Desde que Ramos Allup se hizo con la presidencia de la Asamblea en 2016, gracias a un pacto con Voluntad Popular, sus aspiraciones presidenciales pasaron a convertirse en el principal leitmotiv de su quehacer político, en contraposición con los liderazgos de Leopoldo López y Henrique Capriles y las aspiraciones de María Corina Machado y Henri Falcón. Los dos primeros están inhabilitados y los dos últimos se preparan para recorrer el país: la ex diputada, tras aportar su grano de arena a la fractura, y el ex gobernador, tras fracasar en Lara.

"El que respira, aspira", se ha escuchado durante meses en la sede central de AD. Hoy, casi dos años después, a Ramos Allup lo acusan de querer convertirse en el opositor oficial de Maduro, "rojo rojito", como le restregó ayer Capriles en su comparecencia. Como si de golpe el muro de contención se rompiera, las acusaciones comenzaron a desbordarse por todos los lados hasta confirmar que la actual MUD ya es un cadáver político.

De momento todo son dudas en torno de cómo se reconstruirá la alternativa antichavista y sólo hay una certeza: si el chavismo dedicara tanto talento y tanto esfuerzo a construir el país en vez de a mantenerse a toda costa en el poder, Venezuela sería hoy mucho mejor que la isla de Utopía soñada por Tomás Moro.

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