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MADRID.- El freno sobre la hora del gobierno catalán despojó de sentido de urgencia a la reacción de Madrid y le permite buscar el consenso político más amplio antes que el presidente Mariano Rajoy exponga hoy en el Congreso de los Diputados sobre la necesidad de "regresar al marco constitucional".

Hoy hay "reunión de urgencia" del gabinete nacional y de allí podría salir alguna de las tantas medidas que el gobierno nacional asegura tener sobre la mesa.

Entre ellas, la apelación al artículo 155 para intervenir en Cataluña que, hasta anoche, no parecía seducir a Rajoy. No hay marcha atrás. No hay diálogo con quien no respeta la ley ni la Constitución, es el planteo de la Moncloa. Hasta anoche, le había funcionado bien: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), hasta ahora bastante reacio, se sumó a la posición de firmeza.

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Hoy se sabrá cuál es la profundidad de la reacción. Hay varias sobre la mesa. Desde la contundente manifestación del domingo pasado, Rajoy está presionado por el sector más duro del Partido Popular para aplicar mano dura. Él prefiere llegar a un consenso no sólo con el socialismo, sino también con la derecha de Ciudadanos. Anoche hubo contactos definitivos.

Recibió al socialista Pedro Sánchez pasadas las 22 -la hora daba cuenta de la gravedad de la situación- y se mantuvo al teléfono con Albert Rivera, de Ciudadanos.

Los dos tienen posiciones diferentes: el primero, más contemplativo. El segundo, sin ninguna contemplación. Pero los necesita a ambos. Mientras Rajoy negociaba, le tocó a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, fijar posición. Fue en una breve declaración en la que no aceptó preguntas y en la que arrancó poniendo a Puigdemont casi en el mismo nivel que un desquiciado.

Es una persona que "no sabe dónde está, ni a dónde va, ni con quién quiere ir", dijo. Consideró "inadmisible" todo lo ocurrido ayer y, sobre todo, que el gobierno catalán "se arrogue la representación de la voluntad de su pueblo".

Anunció luego la reunión extraordinaria de gabinete para esta mañana y la posterior comparecencia de Rajoy en el Parlamento. "No hay diálogo con los que no respetan la ley", dijo, al desechar una vez más la "generosa oferta de diálogo" que, desde la perspectiva independentista, produjo la Generalitat.

La jugada de Puigdemont fue vista desde el gobernante PP como una maniobra destinada, justamente, a evitar una intervención profunda del gobierno español en Cataluña.

La pregunta es qué hará Rajoy. La Constitución española de 1978 estableció mecanismos de integración territorial, pensados para lo que entonces se llamaban "nacionalidades históricas", diseñados para insertar en el Estado los territorios con especiales reivindicaciones autonómicas.

Estos mecanismos de integración van acompañados de mecanismos coercitivos frente a situaciones de crisis que antes o después se dan en todo Estado compuesto. Ésas son las herramientas que ahora examina Rajoy.

Lo ocurrido ayer deja en sus manos la respuesta. Sin urgencia, y después de lo visto ayer, posiblemente con más consenso que el esperado.

En esta nota:Mariano Rajoy

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