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WASHINGTON.- Tomás Pendola Biondi es argentino, pero también se siente norteamericano. Llegó de chico a Estados Unidos, donde creció y estudió, y ahora, con 26 años, enseña química en una escuela en Miami. No oculta su malestar con Trump: dice que demostró una "completa falta de corazón" y "cerebro".

Pendola Biondi es uno de los 4774 dreamers argentinos alcanzados por la decisión de Donald Trump de liquidar un programa que blindó a unos 800.000 jóvenes indocumentados como él de la deportación, al otorgarles permisos de residencia y trabajo.

"La verdad es que esto muestra una completa falta de corazón y de cerebro de parte de la administración Trump. Deja a mucha gente sin trabajo, sin protección, somos un montón de jóvenes, como yo, que nos quedamos sin trabajo, sin poder pagar el alquiler, los préstamos de autos y de casas", dijo en una entrevista con LA NACION.

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"Esto demuestra mucha falta de corazón -insistió-, tratan a la gente como si fuera basura. Hacerle eso a alguien es inhumano."

El dreamer renovó el permiso que obtuvo con el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) antes de que Trump asumiera. Ese permiso vencerá en octubre del año próximo. Como otros jóvenes, depende de que el Congreso le brinde una solución.

"El Congreso no sirve para nada, pero vamos a empujar al Congreso para que haga algo", anticipa. "Vamos a pelear de vuelta. Es la única que nos queda. Cuando te patean, peleás. Quedarse con miedo no le sirve a nadie", agrega.

De costa a costa, de ciudad en ciudad, miles de dreamers mostraron la misma reacción: prometieron reciclar su movimiento de lucha, que ha sido comparado con el movimiento por los derechos civiles que lideró Martin Luther King Jr. en los 60, y volver a las calles para reclamar que les den un camino a la ciudadanía, el objetivo que todos anhelan.

Pendola Biondi dice que, en última instancia, si lo deportan, al menos puede volver a un país donde tiene "raíces" y se las puede arreglar al tener un título universitario. Pero muchos de sus amigos, agregó, ni siquiera hablan español, o serían deportados a países como Venezuela, hundida en una crisis humanitaria.

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