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Así viven las niña-bomba de Boko Haram. Foto: Reuters

Aisha siempre dijo que no. Cada vez que el terrorista se acercaba y le mostraba sus intenciones de mantener relaciones con ella, Aisha se negaba. Aunque raras veces conseguía lo que quería: él la violaba de todas formas y le pegaba por rechazarlo.

Su historia no es particular. Es una de las más de 7 mil niñas secuestradas por el grupo terrorista y fundamentalista islámico Boko Haram. Todas sufren en su cautiverio la aplicación estricta de la sharia, condiciones de esclavitud y una propuesta de matrimonio que sólo tiene dos salidas: casarse con un terrorista o ser marcada de por vida con un pañuelo de color diferente que indica se convertirá en niña-bomba.

Aisha se había negado, por lo que su futuro había sido marcado: debía llegar hasta un mercado, aparentar un desmayo, esperar a que la gente se acercara para ayudarla y entonces apretar el disparador de su chaleco bomba. Aisha debía morir y matar a todos los que pudiera.

Sin embargo, logró sortear su destino gracias a la intervención del Ejército nigeriano, que la liberó. Hoy, está bajo la protección de Unicef y no quiere volver a su pueblo porque tiene miedo. Es que mucha gente no termina de confiar en las niñas-bomba. Creen que pueden estar actuando para realizar un ataque mayor.

Así viven las niña-bomba de Boko Haram
Así viven las niña-bomba de Boko Haram. Foto: AFP

No es discriminación injustificada. Durante el último tiempo, Estado Islámico usa a niños para no llamar la atención y pone en sus cuerpos explosivos para que comentan por ellos los atentados. Es por eso que a diario miles de voluntarios en las zonas afectadas cachean a niños y adolescentes en los colegios, mercados, mezquitas y otros lugares buscando chalecos bomba pegados a sus cuerpos, de acuerdo a una nota publicada por el diario El Mundo.

Salta tiene 11 años y es otra de las víctimas. Perdió su brazo derecho por culpa de un chaleco que no explotó de forma correcta. Debía haber perdido la vida. Estuvo dos meses en un hospital y fue allí que aprendió a volverse zurda.

La estadística de Unicef sobre esta práctica en escalofriante: "Desde el 1 de enero de 2017, 83 niños han sido utilizados como bombas humanas: 55 niñas, la mayoría menores de 15 años, 27 niños, y un bebé. Este número es ya cuatro veces mayor que la cifra global del año pasado".

Todos los niños secuestrados por Boko Haram tienen un tatuaje identificativo, una especie de código de barras. Por su parte, las niñas que se niegan a casarse son sometidas a un proceso de lavado de cerebro que dura seis semanas y que cuenta con medidas mentales y físicas. Las drogan, les prueban chalecos falsos para que practiquen y les dicen cosas como: "Mañana entrarás directa al paraíso" o "No te preocupes por ellos porque no son verdaderos musulmanes".

Si bien los miembros de Boko Haram perdieron fuerza en el norte de Nigeria, sur de Níger, oeste de Chad y este de Camerún, cada vez son más violentos. Desde su creación en 2002, mataron a más de 20 mil personas y causaron el desplazamiento de otros 2,7 millones en toda la región.

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