En 2014, el DJ y productor Dave Audé -ganador del Grammy, y cuyos remixes de hits de pop habían sido emblemas de la pista de baile durante más de una década- escuchó en un festival un set de Kygo, el joven productor noruego que apenas dos meses antes había firmado con Ultra/RCA. Kygo ignoró los tempos vivaces típicos de la música dance mainstream, y en cambio decidió enfocarse en temas lentos; en el pasado, esto podría haber hecho que todo el mundo se fuera a buscar una cerveza, pero los oyentes del Global Dance Festival de Colorado se acercaron a escucharlo en manada. "Los chicos se volvían locos con esas cosas lentas", recuerda Audé. "Me voló la cabeza. Me transmitió que estaban listos para algo nuevo."

Ese "algo nuevo" es ahora la norma en todos los géneros del pop. Entre los candidatos a Canción del Año aparecen "Despacito", de Luis Fonsi y Daddy Yankee, y "I'm the One", de DJ Khaled, en ambos casos singles ociosos que se activan a menos de 90 beats por minuto. Yakov Vorobyev, inventor de una app popular para DJs llamada Mixed in Key, usó el programa para analizar los 25 temas más escuchados en Spotify en 2012 y 2017: encontró que en ese período, el tempo promedio bajó 23 bpm (a 90,5 bpm) y que el porcentaje de canciones debajo de los 120 bpm bajaron notablemente, de 56 por ciento a 12,5 por ciento.

Parte de la ralentización se debe a la larga predominancia del hip-hop, que ahora permea todas las ramas de la música, incluyendo géneros antiguamente resistentes como el rock y el country. "La cultura del hip-hop es la nueva cultura pop, y nuestros rangos de tempo no son tan rápidos", dice Sevn Thomas, quien colaboró en la producción del Número Uno de Rihanna, "Work". "Los raperos pueden tener onda con bases más lentas."

Pero quizás haya otras razones también: el apetito insaciable de la cultura pop por lo nuevo requiere contragolpes después de singles rápidos, o un momento nacional oscuro activa otro tipo de escucha. "La gente estaba quemado de las cosas rápidas y poperas, al igual que se había quemado de los grupos de metaleros pelilargos en el pasado", sugiere Bonnie McKee, quien co-compuso ocho hits que llegaron al Número Uno en los Estados Unidos (muchos para Katy Perry). "Y después, a medida que el clima sociopolítico se puso cada vez más oscuro, la gente no estaba con ganas de escuchar bailoteos rápidos."

Los tempos más lentos se apoderaron del mainstream de manera deliberada y serena. Kygo tiene cada vez más streams desde 2013, pero Audé ubica un punto de inflexión alrededor del ascenso de éxitos de música dance más adormecidos como el remix de Robin Schulz de "Waves", de Mr. Probz, en 2014. Sean Ross, veterano de la industria de la radio y autor del newsletter semanal Ross On Radio, sugiere otro posible faro: la compositora Julia Michaels, que emergió como una fuerza en el pop en 2015 como co-compositora de "Sorry", de Justin Bieber. The Stereotypes, el grupo de producción que trabajó en 24K Magic, el disco de Bruno Mars de diciembre del año pasado, cree que el cambio fue más reciente. "Pateamos la puerta", declara Ray "Charm" de The Stereotypes. "Como diciendo: 'Man, esta mierda [lenta] está buena'."

Todos están de acuerdo en que los tempos sedados están en la cima. "Hay una nueva fórmula para el pop ahora", asegura Felix Snow, quien produjo "Gold", el éxito de Kiiara que entró en el Top 15, y es miembro de Terror Jr. el ascendente grupo de pop. Los ingredientes: "Un cencerro estrafalario a alrededor de 100 bpm, un flow vocal energético sobre eso, obviamente el snap en el dos y el cuatro, y una base de bajo simple que recorra los mismos tres o cuatro acordes durante toda la canción."

Como Sevn Thomas, Vorobyev atribuye la desaceleración al "efecto Atlanta", en referencia al ritmo colgado del rap del epicentro del hip-hop sureño. "Muchas de esas canciones tienen un tempo tan lento que podrías bailarlas a ese tempo o al doble", explica. "Así que podría ser 150 bpm o la mitad, o sea 75." Su análisis indica que la porción de canciones Atlanta-escas del Top 25 de Spotify creció de ocho por ciento en 2012 a 46 por ciento este año. Ejemplos recientes incluyen "Humble", de Kendrick Lamar, "Bank Account", de 21 Savage, y "Butterfly Effect", de Travis Scott.

Otro de estos temas, sorprendentemente, es "2U", del productor dance David Guetta: la música electrónica mainstream, alguna vez una fuente confiable de bases galopantes, se transformó de manera drástica para aferrarse a ritmos de hip-hop majestuosos. "Los dos géneros más populares de esta generación están homogeneizando su sonido", declara Ross Golan, compositor de éxitos recientes de Ariana Grande y Selena Gomez. "La electrónica se desaceleró hasta llegar a donde estaba la música urbana; los artistas urbanos saltaron hacia el rap." Los viejos hits de Calvin Harris principalmente tenían cantantes, pero su disco más reciente fue considerablemente más lento, y repleto de raperos, al igual que el último LP del rey de la electrónica Steve Aoki.

Esto, en parte, es un mecanismo de supervivencia por parte de los productores de dance a escala masiva -Snow cree que algunos oyentes están hartos de las golpizas aceleradas-. "Le han machacado tanto esa mierda en el cerebro de la gente que, por un tiempo, no va más", dice, agregando que los temas de 128-bpm son "una moda terminada cultural y financieramente".

El proceso de ralentización y mezcla también se ajusta a lo que Thomas cree que es un momento "más personal" en el pop. "Siento que la música, en este momento, está en un espacio más íntimo", dice. "Podría ser algo relacionado con Drake: la gente cuenta cómo se siente en lugar de preocuparse por cómo la perciben. [Thomas también ayudó a producir "Pop Style", de Drake]. Jay-Z hizo el disco más personal de su carrera con 4:44. Los tempos más lentos acompañan eso."

McKee notó hasta qué punto los Drake-ismos dominan en las sesiones de composición. "Todo el mundo se está inclinado hacia la onda de Drake o The Weeknd, de decir, esto es sexy, esto es lento", dice. "Ahora la gente en todas partes está cantando triplets y tratando de sonar como Drake. Es como: 'OK. ¿Qué va a hacer Drake ahora?'."

El interés actual del mainstream por velocidades reducidas va contra la noción del Top 40 como un lugar para temas veloces que ofrecen un escape ante las noticias desagradables. "Cuando pensás en la crisis financiera de 2008, había muchas más cosas rápidas", dice McKee. "En una crisis así, la gente quiere olvidarse de sus problemas. En una crisis como la que tenemos ahora, donde se le quitan los derechos a la gente, donde se dispara a la gente en la calle, es otro tipo de crisis, una moral y social. La gente no se siente bien saltando y bailando en este momento."

"[La falta de pop rápido] parece coincidir con el estado de ánimo del país", dice Sean Ross. "Donde sea que estés, creas en lo que creas, hay algo por lo que vas a estar enojado o preocupado en este momento."

¿Ha estado el pop mainstream así de lento antes? Ross encuentra un precedente para este clima radial en los primeros 80, durante la cima de la retirada del disco y antes de la llegada de MTV, cuando las baladas de rock eran inmensamente populares. "Hasta cierto punto, estas [canciones lentas] son las baladas de esta generación", dice. "Son de DJs de electrónica; están producidas diferente; pero esencialmente, 'Closer', de los Chainsmokers, es la 'Keep on Loving You', [de REO Speedwagon] de esta generación."

A Ross le preocupa la escasez de singles rápidos; si no hay nada moderno para equilibrar las playlists, en su opinión, los programadores se vuelcan hacia temas más viejos para un subidón de velocidad, y así reducen la variedad ya limitada de las radios. "El Top 400 ya se volvió más reducido que en los últimos 35 años, en términos de la cantidad de títulos", señala. "Si combinás eso con el tiempo que pasan los discos en los rankings, no hay muchas oportunidades para que una canción rompa el atasco… Tuve conversaciones con programadores de todo formato, y en general la solución es pasar incluso menos música nueva, lo cual termina reduciendo las oportunidades de que el próximo tema lento llegue."

Los compositores y los productores están más divididos en cuanto al boom de los lentos, dependiendo de dónde están sus preferencias. "Mi trabajo está en el pop rápido", señala McKee. "Esa es mi tarjeta de presentación." Pero ella tiene un single nuevo que salió hace pocos días, y arregló el tema a medida de la nueva hegemonía. Lo mismo ocurre con Audé, quien bajó significativamente la velocidad de su último lanzamiento, "All the Rules", con Ben Thornewill. "Un tipo que vive de temas para la pista de baile está haciendo un tema de pop de tiempo medio", declara Audé.

Otros compositores ya se beneficiaron de la moda tranquila. "Para mí es excitante: yo no compongo temas rápidos bien", dice Golan. "Mis temas más exitosos han sido bastante lentos."

"Estábamos esperando que todo el mundo se desacelerara un poco", dice Char, de The Stereotypes. Cree que los temas más lentos tienen más lugar para invenciones melódicas -"hay literalmente más lugar en las bases, más tiempo para ser creativo"- y ese tiempo adicional puede engendrar una mayor variedad de respuestas de los oyentes, en contraste con la reacción casi enfermiza de los 128 bpm: "Es un tempo más versátil", agrega Jon Street, de The Stereotypes.

La historia indica que la moda chic-lenta no va a durar para siempre. "Las canciones que señalaron que el Top 40 volvía a acelerarse en los ochenta fueron 'Don't You Want Me', [de Human League], y 'Tainted Love', [de Soft Cell]", sugiere Ross. (Poco después vino la velocísima "Let's Go Crazy", de Prince). Apunta "There's Nothing Holding Me Back", de Shawn Mendes, como un posible precursor de un poco más dinámico. Aún así, "todavía no hubo ningún tema rápido lo suficientemente convincente como para a) ser un éxito y b) que la gente lo quiera copiar."

Pero finalmente, es esperable que aparezca un nuevo hit señalando otro cambio. "Cuando todo el mundo compone a 90 bpm", dice Golan, "entonces hay que componer a 130. Mucha gente lo va a escuchar y va a decir: 'Eso no suena como un hit'. Y después alguien va a decir: 'Wow, esto es otra cosa, porque me acaban de mandar 100 canciones a 90 bpm'."

"No hay que tener miedo", agrega Thomas acerca de la desaceleración del pop. "No creo en seguir modas."

Elias Leight