Adentro del Purple Rain Tour: los miembros de The Revolution recuerdan la época que cambió sus vidas.
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El 27 de julio de 1984, los integrantes de Prince and the Revolution enfrentaron la primera señal de cómo sus vidas estaban a punto de cambiar cuando asistieron al estreno en Hollywood de la primera película de Prince, Purple Rain. "Esa noche en el Teatro Chino fue una locura", recuerda la tecladista Lisa Coleman. "Pensábamos que sólo estábamos haciendo lo que sería una película de culto. Yo había hecho la fila en el cine para ver Alien el día que salió. Y ahora ahí estaba yo, llegando en limusina. Limusinas, alfombra roja… ninguno de nosotros había hecho algo así antes. Nos sentíamos más como rebeldes, y de repente éramos elegantes, como estrellas de cine." Esa noche sería el inicio de uno de los años cruciales en la vida de Prince. La película fue un hito cultural inmediato, con una ganancia de 7,7 millones de dólares en su primer fin de semana (un número imponente para la época) y un balance final que multiplicaría por diez esa cantidad.

Cuatro meses después, en la Joe Louis Arena de Detroit, Prince and the Revolution lanzó su gira Purple Rain. El tour de 98 recitales, que se desarrolló hasta abril de 1985, fue revolucionario en muchos sentidos: introdujo los sets más elaborados de Prince y a una nueva guitarrista (Wendy Melvoin), y la histeria del público, y las apariciones ocasionales de gente como Bruce Springsteen y Madonna confirmaron el lugar de Prince como la estrella pop más dominante del momento.

En los confines de los muy estructurados shows, Prince gozaba de efectos especiales y de un escenario extravagante, haciendo saltos y vueltas carnero, tocando su famosa guitarra eyaculadora (de jabón líquido, por supuesto) o simulando que hablaba con Dios durante "God", el lado B de "Purple Rain". Pero la gira lo impactó de una manera en que ni él ni los Revolution habían imaginado. Mientras sale una reedición deluxe del disco Purple Rain -con material sonoro y de video adicional-, Rolling Stone habló con los Revolution y con el director de iluminación LeRoy Bennett, acerca de esos cinco meses clave y de sus consecuencias.

I. La preparación

Wendy Melvoin (guitarrista): Me acuerdo de ser consciente de que la gira de Purple Rain era lo más grande que habíamos hecho [durante las etapas de planificación]. No paraba de ver bocetos de planos, y Prince entraba y salía de las habitaciones. Nos estaban tomando medidas para la ropa. Yo estaba parada en una de esas cajas, y había como cinco personas tomándonos medidas. Era como si estuvieran vistiendo a la reina Victoria para una gala. En un momento, uno de ellos trató de hacerme una costura en la botamanga, y me sentí rara, como: "A la mierda, yo no tengo derecho a esto. ¿Por qué está pasando?".

Prince, que había estado observando lo que pasaba, apareció y me pidió que saliera del cuarto para hablar con él y me dijo: "Tenés que permitirlo. Tenés que permitirles hacer lo que hacen. Es por eso que estamos acá". En ese momento me di cuenta: "OK. Acá está pasando otra cosa, y yo tengo que dejar que pase". No quería ponerme en el camino de cómo él quería representarse. Y ése fue un momento de revelación grande para mí. Me senté a ver cómo se desarrollaba todo este asunto.

LeRoy Bennett (director de iluminación): El aspecto teatral empezó a volverse cada vez más evidente. Controversy tenía un poco, y la gira de 1999 un poco más. Pero la gira de Purple Rain fue un gran paso en lo tecnológico para nosotros. Cuando viste un láser durante cinco minutos, ya está. Así que lo que hacíamos era pasar los láseres y otras cosas a través de fibras ópticas. Teníamos niebla de hielo seco, pero usamos un montón de nitrógeno líquido. Para "When Doves Cry", teníamos jets que pasaban por el escenario. Parecían fantasmas que volaban, se encontraban en medio del escenario y se disipaban. Queríamos que el show fuera una experiencia de inmersión. Queríamos retratar las emociones de las canciones y crear ambientes interesantes.

Melvoin: En cuanto a firmar un arreglo de confidencialidad del estilo de "No podés tomar drogas", escuché que el equipo tenía algo así, pero la banda no. Igualmente no le gustaba cuando tomabas alcohol en público y alguien sacaba una foto. Se enojaba. "¡No quiero que los niños piensen que pueden ser malos sólo con una cerveza en la mano!", decía. Era raro, pero entendí que era importante para él, y yo lo respetaba.

Matt Fink (tecladista): Muy pocas bandas -bandas pop, que supongo que es lo que se podría decir que éramos en esa época- hacían movimientos coordinados de danza mientras tocaban sus instrumentos. A los tecladistas como yo no los veías haciendo coreografías con las bandas. Pero Prince quería que toda la banda se moviera.

Mark Brown (alias BrownMark, bajista): Me crié en una época en la que iba a ver a Cameo y la banda se movía todo el tiempo. Siempre me pedían que ayudara con la coreografía [para Prince], así que cuando armábamos los shows, yo era responsable de todo. Tenía que encontrar una forma, con este tipo de música, de crear pasos simples y que te permitieran tocar eficazmente tu instrumento. Fue un desafío, porque no todo el mundo estaba acostumbrado a tocar y bailar.

Lisa Coleman (tecladista): Teníamos que doblar el cuerpo o sacudir la cabeza. A veces se ponía difícil, porque yo tenía tacos altos y tocaba el teclado. Me arruinó la espalda por el resto de mi vida.

Fink: Estábamos en Rudolphs Bar-B-Que [en Minneapolis] una noche tarde, y me acuerdo que Prince me dijo: "¿Te parece que estaría bueno que Bobby tocara la batería parado?". Y yo le dije: "¿Cómo hace un baterista para pararse?". Quería tanto que Bobby tocara la batería parado. Pero funcionó, porque teníamos la máquina de ritmo, y Bobby tocaba percusión y los platillos sobre la máquina de ritmos.

Bobby Z. (alias Robert Rivkin, baterista): A ningún baterista le habían pedido que hiciera coreografías. Sólo en el mundo de Prince. Ensayábamos frente a un espejo. Mirarte era difícil. El nos hacía ver agraciados, como en un ballet, porque no querés parecer tonto.

Melvoin: Tuvimos dos semanas para ensayos de producción, creo que en St. Paul, antes de empezar la gira. Me acuerdo del primer día que fuimos con toda la producción puesta, y fue algo maravilloso. Ahí fue cuando me di cuenta: "La puta madre, esto es enorme. Estamos en un estadio haciendo ensayos". Sé que ahora no parece tanto, pero en ese momento era onda: "Dios mío".

Bennett: Nunca ensayamos tanto como entonces. Fue como hacer una gira en Minneapolis, porque cada semana cambiábamos de lugar.

Bobby Z.: El tema era cómo entraba él al escenario. En varios recitales se sentía como: "OK, ahora tenés el gimnasio y la pasarela". Lo más grande que había eran los ascensores abajo del escenario en "Let's Go Crazy". Había un maniquí para cuando él aparecía y desaparecía. También había unos trucos de magia muy cool para cuando Prince entraba y salía del escenario.

Brown: Para la escena de "When Doves Cry", estaba la utilería de la bañadera sobre un ascensor hidráulico atrás de Bobby, que estaba muy arriba. Era muy liviana, hecha de fibra de vidrio. La primera vez que trataron de usarla, Prince se metió y no la habían clavado a la plataforma. La cosa se dio vuelta en cuanto se subió. Se dio un golpazo. Se quedó acostado mientras lo revisaban, y por suerte sólo tenía un par de heridas. Se paró el trabajo ese día. Fue un momento de susto.

Bennett: Se me paró el corazón. No se cayó de tan alto, como un metro y medio. Pero lo sacudió fuerte. Se bajó del escenario, se subió al auto -que siempre estacionaba al lado del escenario en el estadio- y se fue. Ese fue el fin de los ensayos por el día. Los carpinteros cambiaron la letra a "éste es el sonido cuando vuelan las bañaderas".

Melvoin: Si Prince tenía algún tipo de mal comportamiento -si era malo o sencillamente se equivocaba con algo sobre lo que decía que tenía razón-, siempre decía que algo malo le iba a pasar. Recuerdo que se había peleado con su manager y estaba con un humor pésimo. Estaba ensayando sus pasos con la bañadera y fue que se cayó. Se asustó tanto con eso que después se puso súper amable [risas]. Muy humilde.

Fink: Las pruebas de sonido duraban siempre tres horas. Yo tenía un grabador en el escenario -todo el mundo en general tenía- y grabábamos esas pruebas de sonido porque después las querías escuchar en el camarín para recordar lo que acabábamos de aprender, porque teníamos que tocarlo esa misma noche.

Melvoin: Las pruebas de sonido empezaban a las 2 de la tarde y tocábamos hasta las 5. Y cada uno tenía que salir un rato para que le hicieran el pelo y el maquillaje. No nos íbamos al hotel después. Teníamos que quedarnos ahí. El show empezaba a las 8.

Brown: Antes del show, nos abrazábamos y rezábamos. El te señalaba o te pedía que hablaras, si habías tenido un mal día o un buen día. El hablaba cuando tenía algo para decir. Era un ritual significativo. Sentías que necesitabas protección. El público gritaba tan fuerte y estaban tan locos que nos necesitábamos, porque era lo único que teníamos para apoyarnos.

Fink: No era específicamente religioso. Si teníamos a alguien enfermo en casa, hablábamos de eso. Uno decía lo que tenía para decir. En esos círculos, él decía un montón de cosas sabias y profundas. En esos momentos, revelaba un poco más de sí mismo.

Melvoin: Eramos como unos paracaidistas en tándem. Armábamos el círculo y decíamos: "Que podamos atravesar esto y que salga todo bien para él". Se volvía algo supersticioso y me molestaba un poco. Pero yo apreciaba esa tradición, y creo que todo el mundo se apoyaba en ella.

Coleman: A veces decía cosas como: "Puede que sea la última vez que toquemos", o "Quizás voy a separar a la banda". Nos daba motivaciones raras para que saliéramos al escenario a romperla.

Prince y la guitarrista de The Revolution, Wendy Melvoin, durante uno de los seis shows en Nueva York del Purple Rain Tour, marzo de 1985.
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II. El comienzo

Coleman: Cuando llegamos a Detroit [para el primer show], de repente teníamos guardaespaldas. "¿Qué? ¡¿Guardaespaldas?!" Wendy y yo teníamos uno, y los chicos también. Me acuerdo de llegar al hotel y que los tipos llevaran nuestras valijas, y la sensación era: "Oh, oh. Esto es diferente".

Fink: Creo que había 105 personas ahí con nosotros. Doce autobuses. Era un emprendimiento masivo. Lo supe de inmediato: "Wow, ahora estamos en una grande".

Melvoin: 1984, 85, ése fue el principio de los shows de estadios masivos. Def Leppard siempre estaba dos lugares más adelante que nosotros, y Bruce Springsteen estaba haciendo Born in the U.S.A. en la misma época. Nos seguíamos los unos a los otros en estas caravanas enormes.

Coleman: [El primer show en Detroit] fue una de las cosas más ruidosas que yo hubiera escuchado. Es como cuando los deportistas salen a la cancha. Salíamos al escenario y era como si saliéramos del vestuario, ¿viste? La gente gritaba, se subía a las rejas y trataba de acercarse. Sabían nuestros nombres, más que nada por la película. Nos miramos entre nosotros como diciendo: "¡La puta madre!".

Bennett: Se me ponía la piel de gallina. Todavía me pasa cuando pienso en eso. Ninguno de nosotros había vivido algo así antes. De repente habíamos sido elevados a un nivel mucho más alto de lo que habíamos anticipado, y fue un poco abrumador. Tenías que luchar para concentrarte en lo que había que hacer en el show, porque no podías creer lo que estaba pasando.

Melvoin: Cuando apagaban las luces y te parabas al costado del escenario y escuchabas "Damas y caballeros…", era ensordecedor. Hasta el día de hoy, nunca volví a escuchar una cosa así. En un momento hasta se me lastimaron los oídos.

Brown: Era difícil escucharte a vos mismo en el escenario. El público se relajaba después de un par de canciones, pero igual… Yo tenía un tremendo equipo de bajo. E incluso con todos esos equipos, sólo escuchaba si caminaba hasta el amplificador de bajo. Sentías la base, pero había momentos en los que te podías perder.

Fink: El ruido blanco más fuerte que te puedas imaginar.

Bennett: No podía escucharme hablando con los operadores. Era una locura.

Bobby Z.: Después Prince los volvía locos de nuevo. Sacudía el culo o se cambiaba de traje o algo, y la gente se volvía loca de nuevo.

Coleman: La parte divertida era verlo a él, porque muchas cosas no pasaban a menos que nos diera señales visuales. Era como un juego verlo correr por el escenario, y hacía un pequeño movimiento con la mano, que significaba que había que hacer un riff o algo. Tenías que seguirlo de cerca. Cada tanto, para señalar el fin de una canción, tiraba un pañuelo al aire, y cuando el pañuelo tocaba el piso, ahí era cuando parábamos. Así que tenías que poder ver el piso, y si estabas en una plataforma detrás del teclado o los platillos, a veces era difícil ver, onda: "¡Oh, no! ¡Desapareció el pañuelo!".

Bennett: Hacía señales con la mano para ciertos cambios musicales, así que tenías que prestar atención a todo. Cada tanto, hacía la señal junto al pecho, de modo que la banda no pudiera verlo. Lo hacía para divertirse.

Coleman: Te decía "Body Heat". Bobby tocaba el redoblante una vez y entonces teníamos que hacer "Body Heat". Después él paraba y decía: "Arreglo en Mi". Así que teníamos todas estas cosas, cosas funky modulares que podíamos armar y él podía pedir como si fuéramos una rockola o una máquina de ritmos que él podía tocar.

Bobby Z: El público podía darse cuenta de que estaba ajustado y era espontáneo, pero también había accidentes. Noventa y nueve por ciento del tiempo era un milagro.

Melvoin: Yo tenía botas, toneladas de joyas, y mi instrumento, y tenía que cantar y hacer coreografías. Era literalmente como las Olimpíadas. Era como nado sincronizado. Si alguien arruinaba eso, no había ni una medalla de bronce. Te ibas del equipo. La apuesta era muy alta.

Coleman: Estábamos usando unas enormes… no sé cómo se llaman. Unas ropas estilo New Romantics muy majestuosas. Yo salía al escenario con una capa sobre un vestido, y me iba sacando cosas durante el show. Hacía calor.

Melvoin: Una de las cosas que nos decía Prince antes de salir de gira era: "Si sentís que te estás apurando y estás tocando muy rápido, bajá el ritmo cardíaco a la mitad, y mové el cuerpo a la mitad de la velocidad, y vas a tocar más lento". Lo seguíamos religiosamente.

Coleman: Prince siempre quería ser tan bueno como en la película. No quería que nadie dijera: "Oh, ¿ésa es la banda de la película? Ugh, no son tan buenos". Era uno de sus peores miedos.

Brown: Nos multaba si cometíamos errores, y yo llegué a un punto en el que dejé de tocar notas difíciles en algunas transiciones y en su lugar empecé a hacer unos ruidos raros con el bajo. A Prince le encantaba. Y me salvó de muchas multas.

Coleman: Si te equivocabas o tocabas una nota de más o algo, eran 500 dólares. Te retenía la plata. Nunca me pasó a mí. Tengo suerte. De hecho, soy bueno para disimular. Nunca se dio cuenta de cuando cometía un error.

Melvoin: Te amenazaba con sacarte el cheque, y un par de veces lo intentó, pero todos nos reímos y le dijimos: "No, eso no va a pasar". Era una advertencia, una amenaza, y a él le gustaba hacer esa amenaza porque te hacía tener cuidado si habías cometido un error.

Uno de los pilares de los shows de la gira Purple Rain eran los efectos especiales y el sistema de luces que manejaba LeRoy Bennett.
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III. La intensidad

Coleman: Cuando estábamos en el Superdome en Nueva Orleans, había… ¿qué? ¿90.000 personas? Sabíamos que era grande porque sonaba grande, y después Prince dijo: "LeRoy, ¡prendé las luces!". Y prendimos las luces y te daba miedo. Prince estaba onda: "¡Noooo! ¡Apáguenlas, apáguenlas!". Era demasiado. Era un mar de gente.

Melvoin: Me encantaba cuando se prendían las luces durante "Take Me with You" y ver realmente al público. Prendíamos las luces del estadio por completo -fluorescentes, una iluminación horrible- y podíamos ver a todos en el público y cantábamos como si fuéramos uno. Veías que todos los asientos estaban ocupados. Era increíble, y todos la cantaban. Era muy hermoso.

Brown: Eramos la banda que más trabajaba en la industria. Me daba pena cuando invitábamos gente a tocar con nosotros en vivo, porque no entendían esa clase de dedicación. Cuando los invitados tocaban no sabían bien qué hacer. No importaba lo veteranos que fueran.

Bobby Z.: Todo el mundo venía a los camarines, como Springsteen y Madonna [durante una serie de varios conciertos en el Forum en Los Angeles, en febrero de 1985]. Teníamos una política de puertas abiertas y así pudimos conocer a mucha gente divertida.

Coleman: Se volvió una situación de ir muy al frente, como diciendo: "Sí, salgamos a conquistar el mundo". Y toda la gente que supuestamente era nuestra competencia estaba diciéndole "¡Wow!" a Prince. Y, una vez más, él quería absorber eso. Quería experimentarlo de primera mano, así que ésa era una buena manera de hacerlo.

Melvoin: Desafortunadamente, a él le gustaba joder un poco a la gente, especialmente a los artistas que venían. Si sentía que estaban un poco perdidos, intentaba exponer eso: agarraba una guitarra y les tocaba un solo abrasador en la cara. Había un cierto intento de humillación completamente competitivo. Pero él se alimentaba de eso, como si dijera: "Yo sé que soy genial".

Coleman: Con Bruce, me acuerdo de que Prince fue un poco un granuja, y trató de confundirlo. Nos daba señales secretas con la mano mientras Bruce trataba de tocar un solo de guitarra. Había una cosa de gato y ratón. Nunca supe si Bruce supo que Prince estaba haciendo eso, porque había risitas nerviosas, pero nosotros pensábamos: "No, no hagas eso, ¡es tan malvado!".

Fink: Prince se regodeaba en eso. Su objetivo era superar a todo el mundo de muchas maneras. Le encantaba. Con Madonna, estuvieron coqueteando y jugando.

Coleman: Tengo que admitir que soy muy despistada. Yo no sabía quién era Madonna. Una chica se subió al escenario y yo pensé: "¿Quién es?". Pensé que había subido a una chica del público. No entendí hasta después del show.

Melvoin: Madonna vino al backstage y a nuestro camarín, el mío y el de Lisa, y quería usar el baño. Fue un momento muy de chicas. Estábamos cada una en su urinario, haciendo pis al mismo tiempo, y ella dijo: "¡Ustedes, chicas, son tremendas!". Así conocí a Madonna.

Coleman: Siempre hacíamos zapadas [durante los bises]. "Baby I'm a Star" era notable. "Purple Rain" podía durar 30 minutos. Sabíamos alargar las cosas.

Bennett: Teníamos una apuesta en el equipo de cuán larga iba a ser "Purple Rain". Todas las noches. En la oficina de producción había un tablero donde la gente ponía sus apuestas. En general duraba entre 20 y 25 minutos. Podías ganar un par de cientos de dólares.

Coleman: En esa época, Prince era muy positivo y quería saber lo que él significaba para el mundo. Leía todas las revistas, todo lo que se publicara. Quería verlo todo, fuera bueno o malo. Y después quería afectarlo de manera positiva, y empezó a hacer cosas más filantrópicas. Empezamos a tocar en escuelas o a repartir comida.

Melvoin: Estábamos horas en el escenario, y después terminábamos haciendo otro show más tarde o hacíamos un show durante el día en otro lado. Era intensivo, todas las noches, hasta la última fecha. Recuerdo que fuimos a Gallaudet, la escuela para sordos [en Washington] e hicimos todo el show en el auditorio de ahí, fue increíble. Había unos monitores enormes en el piso entre el público para que los chicos pudieran sentir los bajos. Me acuerdo de al menos 25 cantantes entre el público, que nos miraban, cantaban con nosotros y hacían señas de las letras de todas las canciones. A los chicos les encantó.

Fink: Al final, ya cambiábamos algunos arreglos. Prince nos ponía a prueba todos los días. Hacía una transición nueva entre ciertas canciones, y te la tenías que acordar. Para él era un juego. Pero Prince acortó la gira. Tenía Around the World in a Day en la cabeza, y en los camarines ya estábamos buscando tapas para ese disco.

Brown: Durante las pruebas de sonido, grabamos "4 the Tears in Your Eyes". "The Ladder." De todo.

IV. Las secuelas

Coleman: Para el final de la gira, él ya había dejado atrás Purple Rain. Se quemó rápido y mucho. Si ves imágenes de los recitales, estaba matando su cuerpo. Era un trabajo muy, muy duro, y hacerlo durante seis meses fue demasiado para él. Estaba listo para pasar a otra cosa.

Bennett: Antes de esa gira, éramos todos muy amigos, pero después empezamos a separarnos, así que él estaba bastante aislado hacia el final del tour. Creo que él había anticipado la fama, pero no a ese nivel. Suena bien, en teoría, hasta que pasa de verdad. No puedo decir que lo haya asustado, pero definitivamente lo confundió. Se recluyó. Yo pasaba muchísimo tiempo con él en Minneapolis en su casa, y haciendo cosas con él, como ir al cine. Eso empezó a desaparecer durante esa gira. Finalmente llegó el punto en el que éramos nosotros y él. Fue una lástima.

Coleman: Al principio era sólo un bus para todos. Después los chicos tenían uno, y Wendy y yo teníamos otro. Y Prince tenía el suyo.

Melvoin: Desde Purple Rain hasta Sign o' the Times fueron sus momentos más fuertes mental y físicamente. Había algo de ingenuidad en él durante esa época, donde no estaba pensando todo dos veces. Lo manejaba maravillosamente, y no era para nada un tipo frívolo. Sabía cuál era su responsabilidad, y se sentía bien con eso. No sé cuán fuerte fue ese sentimiento en los años siguientes. Lo manejó muy bien en esa época, pero estoy segura de que, al final, lo que le hizo fue reducirle la autoestima. ¿Cómo alguien podría conciliar ese poder y ese éxito sin que te arruine?

Coleman [acerca de la negativa de Prince a participar en la grabación de "We Are the World" hacia el final de la gira]: Era la noche de los Grammy. Nos había ido muy bien, todo era muy positivo. Y se equivocó feo. No entiendo por qué no se involucró. Creo que vio a un montón de estrellas de pop juntándose para "hacer el bien" y pensó que era un poco una boludez. Pero si no vas a ir, entonces que no te vean de fiesta. [Esa noche] él salió, y su guardaespaldas le pegó a alguien, o algo así. Cuando salió la noticia, era como: "No hablen de eso… Que nadie lo mencione". ¡Tan ridículo! Me pareció muy desafortunado.

Bennett: Todo ese período había sido mágico. Podías sentir la energía de su estrellato subiendo hacia el cielo. Podría haber seguido componiendo éxitos como las canciones de Purple Rain. Creo que se le volvió muy fácil. No lo empujaba, no lo desafiaba, porque él constantemente se desafiaba a sí mismo. También hacía eso con nosotros. Me empujaba a ser más de lo que yo pensaba que podía ser. El veía quién eras, y veía lo que podías hacer, y la mayoría de las veces veía más allá. Y él te llevaba hacia ese lugar.

Melvoin: Era maravilloso. Era una sensación de montaña rusa: "¡Woo, me da miedo, pero me encanta!". En esa gira se sentía como si el mundo se hubiera abierto, y estuviéramos adelante de todos, y se nos permitiera hacer realidad nuestros sueños.

David Browne