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Foto: Archivo / Carlos Garcia Rawlins/Reuters

Nicolás Maduro trata al castellano como trata al Estado venezolano: se apropia de él, lo contorsiona hasta el grotesco y lo destruye en mil pedazos. Todo para alimentar sus ambiciones lingüísticas y políticas, que en el fondo son las mismas: las del poder absoluto.

El presidente pretende pasar por abanderado de las luchas de género al hablar de "millones" y de "millonas" o de "libros" y "libras". E intenta atraer el cada vez más renuente apoyo de los jóvenes al insistir en que se debe decir "construyente" en lugar de "adolescente".

Ese voluntarismo semántico se confunde muchas veces con terquedad y, cada vez más, con autoritarismo. Toda lengua cambia permanentemente por el impulso de su uso común y de los hábitos compartidos de quienes la hablan. Esas modificaciones no se imponen por la fuerza de una sola persona. Para Maduro, sí.

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Pero -claro- el presidente está crecientemente acostumbrado a imponerse como pocos lo hicieron antes en Venezuela. En apenas unos meses, estableció una Constituyente; desplazó al Parlamento y a la fiscal general; militarizó las calles, y mandó a la cárcel a más de 600 dirigentes y militantes opositores.

Todo eso tiene un costo: Maduro y el chavismo están prácticamente aislados dentro y fuera de Venezuela; las fuerzas armadas muestran incipientes -muy incipientes- fisuras, y la economía está ya casi tan devastada como la de Siria, un país en guerra desde 2011.

Ese costo avanza sin pausa; lo sufren hora tras hora los venezolanos. Y también lo padece el propio Maduro, que apela a violentas contorsiones institucionales, y no tanto, para mantenerse en el poder.

Muchos, cada vez más, creen que él pronto se quedará sin margen ni capital político o financiero para tanta acrobacia. Su final está cerca, predicen, a tal punto que la prestigiosa consultora de riesgo político Eurasia advirtió esta semana que es "difícil imaginar" que el presidente dure hasta 2018.

Sin embargo, tal vez convenga, en este caso, usar "cerca" como lo haría Maduro, con cierto capricho semántico. De hecho, el final "cercano" puede llegar bastante más allá de 2018.

Curiosamente, Maduro y el chavismo muestran hoy pericia para perpetuarse en el poder, toda la que no tienen para gestionar la economía o detener una inseguridad que es tan grave como la escasez de alimentos y medicinas.

Hace una semana, ambos parecían casi acabados por las sanciones, el fastidio y las amenazas internacionales, por las movilizaciones callejeras, por las denuncias de fraude en las elecciones, por la determinación opositora.

Hoy, inmutables ante el rugido internacional y la desesperación económica de los venezolanos, dispuestos a todo por el todo para preservar el poder (o para salvarse de la cárcel), Maduro y el chavismo tienen en la Asamblea Constituyente la más eficiente de las armas.

Sólo unos pocos días después de instalada ésta, las calles se vaciaron, los alcaldes rivales fueron detenidos y la oposición fue arrinconada.

Cuatro meses de marchas permanentes, de más de 130 muertes y de diarios embates oficialistas desgastaron a la oposición. Y, agotada, perdió la cohesión que había hecho que lograra, de abril en adelante, lo que nunca antes había alcanzado: unidad en las tácticas y la estrategia y el respaldo de los sectores de menos ingresos, que siempre habían sospechado de sus verdaderas intenciones sociales.

Ahora no puede siquiera ponerse de acuerdo en si participará o no unida de las elecciones regionales de fin de año. Como en una guerra, necesita tiempo para reagruparse, para repensar la estrategia y, sobre todo, para volver a convocar a los venezolanos.

En ese tiempo, por corto que sea, avanzarán Maduro y su armada chavista con su falsa pericia hacia una nueva Constitución, una que les permita quedarse más allá de lo que la vieja carta magna -la de Chávez- les habilita. Una que les permita también contorsionar, o hasta destruir, las palabras "democracia" y "bienestar".

Cuatro problemas que asfixian al país

Crisis sanitaria

El 51% de los quirófanos de los hospitales públicos no se encuentra operativo y el 78% de estos centros sufre escasez de medicamentos, según un sondeo de la oposición

Hiperinflación

El FMI pronosticó para Venezuela una inflación del 720% en 2017, y 2060% para 2018

Desabastecimiento

El desabastecimiento alcanza todo tipo de productos, desde medicamentos hasta papel higiénico o pan y productos fabricados con harina.

En esta nota:Nicolás Maduro

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